El próximo mes de junio, del 6 al 9, se celebrará una de las manifestaciones de religiosidad popular más multitudinarias de Europa: la Romería del Rocío. Como cada año, decenas de miles de peregrinos accederán a la aldea almonteña atravesando el Espacio Natural de Doñana, un enclave de valor ecológico excepcional que, durante estos días, se convierte también en lugar de paso, devoción y convivencia. Ante este fenómeno, las autoridades ambientales han intensificado la coordinación de medios y recursos para compatibilizar el fenómeno devocional con la preservación del medio natural.
Planificación, prevención y diálogo interinstitucional
En las semanas previas a la romería, los responsables del espacio protegido ponen en marcha un protocolo de revisión de caminos, desarrollado en estrecha colaboración con representantes de las hermandades filiales, los cuerpos de seguridad, los servicios de emergencia y los técnicos medioambientales. Estas reuniones permiten actualizar los itinerarios autorizados, identificar zonas de riesgo, establecer puntos de evacuación y atender a posibles circunstancias excepcionales. Esta planificación no solo responde a criterios logísticos, sino que incorpora una mirada técnica orientada a minimizar la huella ecológica de la peregrinación.
Itinerarios históricos y su convergencia en El Rocío
La red de caminos que atraviesa Doñana no responde a una única vía, sino que se articula en función de las procedencias geográficas de las distintas hermandades. Desde el sur, los romeros gaditanos acceden al parque por la Vereda de Sanlúcar de Barrameda a Almonte, mientras que desde el norte lo hacen las hermandades del Condado de Huelva, compartiendo en muchos tramos la misma vía pecuaria. En paralelo, desde el este se incorpora el Camino de Sevilla, que canaliza el tránsito de las corporaciones sevillanas y de otras regiones andaluzas, mientras que desde el oeste se configura el acceso a través del Camino de Moguer, especialmente utilizado por las filiales onubenses.
A estas rutas tradicionales se suman los caminos empleados por hermandades de fuera de Andalucía, que adoptan itinerarios diversos, convergiendo finalmente en las principales entradas a Doñana. Entre estas destacan el Puente del Ajolí (también conocido como Puente del Rey), el Camino de los Llanos, el Puente de la Canaliega y accesos más secundarios como el Camino de los Tarajales o el Camino de Hinojos al Rocío.
Un fenómeno de masas con implicaciones medioambientales
Según datos aportados por la Hermandad Matriz de Almonte, más de 600.000 personas y alrededor de sesenta hermandades se movilizan durante la semana previa a la romería, generando una afluencia sin precedentes hacia un territorio protegido que, durante esos días, experimenta una presión humana sin parangón. La confluencia de los grupos suele producirse en los últimos tramos del recorrido, donde la densidad de romeros y vehículos obliga a extremar las precauciones.
Especial atención merece el cruce fluvial de Sanlúcar de Barrameda, donde doce hermandades de la provincia de Cádiz se agrupan en Bajo de Guía para atravesar la desembocadura del Guadalquivir en una barcaza que los introduce directamente en el Parque Nacional, a través del acceso de Malandar. Este paso, emblemático y cargado de simbolismo, constituye además un punto logístico de primer orden.
El legado ambiental del Camino de Moguer
Uno de los trazados con mayor riqueza paisajística y simbólica es el conocido como Camino de Moguer y Huelva, que discurre por la parte occidental del espacio natural. A lo largo del trayecto, los peregrinos atraviesan parajes como el Milanillo, Montemayor, Pino Galés, Pino Gordo, las Tres Rayas, Villarejo o los Bodegones, entre otros. Este recorrido, jalonado de hitos devocionales, concluye en un tramo final común que conecta Los Cabezudos, Gato y la Charca, hasta desembocar en la aldea del Rocío.
Una simbiosis entre tradición y conservación
La Romería del Rocío constituye un fenómeno cultural y religioso de primer orden, pero también un reto en términos de sostenibilidad. La preservación del Parque Nacional de Doñana ante la afluencia masiva de peregrinos requiere un equilibrio constante entre la devoción popular y la responsabilidad medioambiental. El dispositivo coordinado por las autoridades andaluzas, en colaboración con las hermandades, constituye un ejemplo de gobernanza compartida en contextos de alta complejidad.
La edición de 2025 se perfila como una nueva oportunidad para demostrar que la tradición y la protección del entorno no son realidades incompatibles, sino dimensiones complementarias de un mismo patrimonio: el natural, el espiritual y el humano.





