Sevilla, 💚 El Rincón de la Memoria

Dos hermandades y una cofradía: el atípico Viernes Santo de 1972

Parece impensable pensar en la formación de una cofradía por parte de dos hermandades distintas. Pero así fue el atípico Viernes Santo de 1972. Uno de los episodios más resonados del panorama cofrade en Sevilla fue el abandono de la Soledad de San Buenaventura por parte de la cuadrilla de costaleros. Una situación paradójica, María en Su Soledad propiamente sola. Resulta imposible pensar hoy día tal circunstancia, si bien no supone el único caso que conocemos, pues años después ocurriría un hecho similar en la Reina de los Mártires de Córdoba.

El Viernes Santo de 1972 coincidía con un soleado último día de marzo. Los nazarenos formaban la cofradía con absoluta normalidad en el claustro del Convento de San Buenaventura para la inminente salida hacia La Campana. Para la estación de penitencia, Nuestra Señora de la Soledad entrenaba en este año una saya de raso blanco bordada en oro por Dolores Pérez Toscano. Sin embargo, algo no iba bien. José Gaviño, teniente de hermano mayor, y Félix Albarrán, mayordomo, esperaban impacientes en las puertas del cenobio franciscano a los costaleros, desaparecidos completamente de la escena.

Foto: Hermandad

Pese a ello, la cruz de guía cruzaba el dintel del templo a eso de las siete menos cuarto de la tarde, hora prevista de la salida penitencial, pues la junta de gobierno consideraba aquella ausencia una mera falta de puntualidad. Pero la realidad era otra completamente distinta. El capataz contratado por la corporación del Viernes Santo era José González Solano, «el Rabanero», quien no había hecho acto de presencia en el templo al no disponer de cuadrilla. Esa misma mañana había tratado de reclutar costaleros en Camas y Olivares, sin éxito. Días después, El Rabanero se justificaba ante la hermandad haber sido «traicionado por terceras personas que le habían prometido costaleros suficientes para sacar un paso».

Francisco Yoldi Delgado, entonces hermano mayor de la cofradía, solicitó al Consejo de Cofradías transitar por la Carrera Oficial en tercer lugar, una vez que hubiera pasado El Cachorro, con la intención de ganar tiempo para reclutar costaleros de otras hermandades. La primera gestión realizada fue con Antonio Rechi, capataz de la vecina Montserrat, quien alegaría no disponer de hombres de relevo suficientes para completar las trabajaderas de un paso entero. Además, la junta de gobierno de La Soledad había desestimado la posibilidad de salir, como en el anual Vía-Crucis de Cuaresma, con el Santísimo Cristo de la Salvación a hombros. Dada la situación, el diputado mayor reunió a los doscientos nazarenos de la cofradía para dar cuenta de la circunstancia y rezar el Santo Rosario.

Fue durante el recital del cuarto misterio, «Jesús con la Cruz a cuestas», cuando sonaron las puertas de la Iglesia de San Buenaventura. Los que fueran hermano mayor, Guillermo Pickman Albandea, y mayordomo, Rafael Jiménez Cubero, de Montserrat comunican para sorpresa de los presentes que la junta de gobierno de la misma había decidido ceder la cuadrilla del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón, lo que implicaba que dicho paso se quedaría en su capilla. Fue así como el Crucificado de Juan de Mesa no salió en la Semana Santa de 1972 en un acto de hermandad sin parangón en la capital hispalense, si bien la imagen quedaba acompañada en su sede canónica por un grupo de cofrades.

La Soledad alteraría su itinerario para pasar por delante de la Capilla de Montserrat y formar una única cofradía, con nazarenos de hábitos distintos y dos pasos de Virgen. La Cruz de Guía de la Soledad entró detrás de San Isidoro, que acortó su llegada a La Campana por la calle Martín Villa. También el recorrido de regreso desde la Catedral se hizo coincidir con el que seguía Montserrat, por las calles Alemanes y Hernando Colón, hasta llegar a Plaza Nueva. En la esquina de Tetuán, el paso de la Soledad giró a la altura de la calle Granada para esperar al palio de Montserrat: ambos pasos se colocaron frente a frente y fueron levantados al mismo tiempo, al golpe de un solo martillo y guiados por un solo capataz, Manolo Rechi.

Tras apenas regresar a casa, a eso de las dos y media de la madrugada, la Hermandad de la Soledad decidió nombrar a Montserrat hermana de honor por tal gesto de bondad. Además, se dispusieron a colocar las flores de las jarras del paso a los pies del Cristo de la Conversión. En la mañana del Sábado Santo siguiente, el padre Rafael Bellido, presidente adjunto del Consejo de Cofradías, reunió a todos los representantes de las hermandades sevillanas en la Sala Capitular de los Servitas. La máxima institución cofrade de la ciudad decidió por unanimidad invitar al paso del Cristo de la Conversión a integrarse en la procesión del Santo Entierro. Con cinco horas de antelación, Montserrat paradójicamente no encontró costaleros para formar una sola cuadrilla. La voluntad divina había determinado que el Señor del Eterno Diálogo no saliera en aquel año de 1972, hace ahora cuarenta y ocho años.

Pocos años después se viviría un episodio similar, también en Viernes Santo. En la Semana Santa de 1985, la Hermandad de la Carretería decidió ceder la mitad de la Banda de la Cruz Roja, que acompañaba a Nuestra Señora del Mayor Dolor en Su Soledad, al palio de Montserrat, debido a problemas de contrato que éste había tenido con su formación musical. Tras entrar la primera cofradía, el resto de la banda se incorporó tras el peculiar manto de torres y dragones de Nuestra Señora de Montserrat.

Fuente: Guillermo Sánchez Martínez (Hermandad).

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