Con frecuencia, en el lenguaje cofrade, se utiliza la expresión “sacasantos” para referirse a todos aquellos hermanos o devotos que limitan su presencia en nuestras corporaciones a presentarse el día de la procesión, un día de bulla de cultos o acontecimiento destacable, dar recetas por los corrillos o grupos de WhatsApp y poco más. Y aunque verdaderamente, esta figura está presente y en muchas ocasiones hasta molesta en las juntas de gobierno, habría que reconocer que sin ellos le faltarían algunas cosas a nuestras corporaciones.
El problema, es que por culpa de esos cofrades “sacasantos” tanto dentro de las propias cofradías, como en nuestras comunidades parroquiales, el clero y la sociedad, muchas veces se juzga y generaliza al cofrade comprometido que está trabajando durante todo el año. ¿Cuántas veces se escuchó en una reunión parroquial del grupo de liturgia esa expresión de “es que solo vienen el día de la procesión”? o ¿Para qué queréis poner tantas velas en la capilla? Si luego no vienen los hermanos.
Es cierto, que estas actitudes desaniman, pero por otro lado, se nos presenta un año para romper moldes, un año para callar bocas y por lo tanto, un año, para hacer de nuestras Cofradías y Hermandades todo un ejemplo. Este año habrá Semana Santa, se desarrollarán en el tiempo de Cuaresma triduos y quinarios, se volverán a levantar altares de cultos y la cera color tiniebla alumbrará la fe.
Considero que es el momento de hacer un esfuerzo colectivo y trabajar para que no sea el año de los “sacasantos” sino el año de los cofrades de verdad que pese a que no habrá procesiones en las calles, allí estarán rezando junto a sus titulares. Es el momento de demostrarles a los feligreses de nuestras parroquias que no somos cofrades de un día, sino que también somos gente de esperanza y perseveramos en la oración.
No es el año de los “sacasantos”, ni de aquellos que van a churretear el altar de cultos y cuando suena el tercero se marchan antes de que comience la Misa. Es el año de que los cofrades pongamos los puntos en su lugar y que por un lado, nuestras juntas de gobierno trabajen para llevar a nuestros templos el mayor número de fieles posibles (respetando los aforos) y por otro lado, demostrar a los propios cristianos que juzgan y señalan al mundo cofrade que no somos gente de una semana al año o de días de bulla, sino que somos cofrades 365 días al año.





