Según Carrero Rodríguez, el 17 de julio de 1542 se fusiona la hermandad de la Virgen de la Esperanza con la de San Juan, del gremio de los pescadores. Es por tanto este momento crucial dentro de la historia de la corporación para entender el origen de la devoción al discípulo amado. No será hasta 1616 cuando se fusionen ambas hermandades con la de las Tres Caídas de Nuestro Señor Jesucristo.
La Virgen de la Esperanza salió en procesión acompañada por San Juan y María Magdalena antes de 1857, año en el que se interrumpen las salidas procesionales y no se retoman hasta 1889. Los dos santos acompañaron a la dolorosa nuevamente en 1889 y 1908. Sobre la procedencia de la imagen de San Juan que aquí abordamos, no se conoce aún cómo llegó a la hermandad. Quizá pudo llegar a Triana junto con la imagen de la santa de Magdala, provenientes de la cofradía del Santo Entierro, por lo que serían obra de Andrés Cardoso de Quirós.
Este hecho se habría producido tras la invasión francesa, donde las corporaciones perdieron parte de sus enseres, borrándose asimismo capítulos de su historia que podrían ayudar a conocer mejor la evolución de la Semana Santa durante la época contemporánea. La hermandad radicada actualmente en la iglesia de San Gregorio las habría mandado hasta la otra orilla del río para que fueran ocultadas. De ser cierta esta teoría, como se sabe, nunca regresaron. E incluso en años posteriores fueron reclamadas, no obteniendo respuesta, por lo que la del Sábado Santo sigue manteniendo hoy en día que envió dos de sus tallas a la cofradía de la antigua calle Larga.

Otras hipótesis pasan por afirmar que, si se enviaron, no fue durante la Guerra de la Independencia, sino que sucedió más tarde. La llegada del antiguo San Juan es un interrogante mayor si se tiene en cuenta que tras el cierre de la capilla en 1868 no consta que llegara a San Jacinto ninguna imagen de San Juan ni de la Magdalena. Tampoco se tiene conocimiento sobre si residían antes en algún domicilio particular. Según la corporación de la calle Pureza «posiblemente fueron adquiridas a la hermandad del Santo Entierro», subrayando una duda que queda en el aire ante la inexistencia de documentos que puedan acreditar tal afirmación.
La imagen de María Magdalena es la que actualmente posee la hermandad, cuyas características la sitúan más próxima a la órbita de Gumersindo Jiménez Astorga, por lo que quizá este pudiera realizar una nueva talla del evangelista. O bien, aprovechara la intervención que realizó sobre al dolorosa tras el incendio en el altar de San Jacinto acaecido en 1898 para hacer lo propio con las imágenes secundarias.
Los interrogantes en torno al santo no cesan. En 1967 Luis Álvarez Duarte, con tan solo diecisiete años, le realiza una nueva cabeza y manos, siendo ampliamente reformada, manteniendo los pies del anterior y el candelero. Las características que pudieran adscribirla a uno u otro imaginero acabaron difuminándose por completo.

¿Y qué fue de la cabeza del santo? Según Enrique Guevara, «hoy en día pudiera corresponderse con el San Juan de la Hermandad del Amor, de la localidad malacitana de Marbella». Esta hermandad se funda en 1948 bajo el título de Excelentísima Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Amor, María Santísima de la Caridad y San Juan Evangelista. El santo habría sido adquirido a la archicofradía de la Expiración de Málaga por quince mil pesetas y, según el vendedor, pertenecía a los talleres de Pedro de Ocampo, autor, entre otras obras, del retablo mayor de la parroquia del Sagrario de la Catedral de Sevilla, que desapareció posteriormente.

La actual imagen de San Juan preside la nave de la Epístola y es procesionada cada año durante el Corpus Chico de Triana que organiza la corporación. Su nombre está reflejado en el título de la hermandad —recordando aquella que fundaron los pescadores— e incluso da nombre a la formación musical que se funda en 1994. Como cada 27 de diciembre, día de su onomástica, tendrá lugar la función en su honor esta tarde. Un presente que hoy es tal gracias a aquella otra talla de la que apenas se conoce su historia.






