Andalucía

El San Juan de la Amargura, el discípulo amado de Sevilla

De entre todas las representaciones del evangelista destaca la del que habita en San Juan de la Palma

Acompaña a la Virgen por la calle de la Amargura. Por eso las manos están en actitud de señalar el camino. El diálogo es tan eterno que cada Domingo de Ramos vuelve a repetirse una y otra vez. Pero nosotros no somos siempre los mismos. Hemos cambiado tanto que hay quien intuye un gesto distinto imaginando un San Juan diferente. Pero la conversación sigue siendo honda y la mirada esquiva de la dolorosa sigue reflejando el dolor de la madre.

Datada su hechura en 1760 según los historiadores es obra de quien fuera hermano de la sacramental del templo, Benito de Hita y Castillo. Su ejecución nació de unos hermanos que vieron tan desconsolada a la Virgen de la Amargura que soñaron con San Juan para que la consolara. Y juntos han visto desde entonces el devenir de los siglos, las alegrías y penurias del barrio de la Feria. Acuden a la catedral y hacen estación de penitencia el día en el que todos regresamos a la infancia.

En 1832 Bautista Petroni le recompuso los brazos y en 1893 fue restaurado por Susillo tras el incidente sufrido a su paso por la plaza de San Francisco. Fue allí donde conocieron el ruido por primera vez. Porque durante su paso todo es silencio, tan puro que hasta le llaman silencio blanco. Después llegaron los años veinte, y recibió un mantolín de Rodríguez Ojeda en 1926 que se sumaba a otro del mismo autor que llegó en 1904. En 1933 fue restaurado por Sebastián Santos y con la guerra civil fue separado de María. Entonces el desconsuelo fue todavía mayor. Porque a pesar de estar escondida en un cajón era testigo de cómo sus propios hijos se enzarzaban en luchas fratricidas y se sucedían las primaveras teñidas de sangre. Cada duelo tenía un campo de amapolas. Y María estaba sola.

San Juan se reunió con Ella cuando las tardes se alargaban por el horizonte y solo se escuchaban los vencejos anidando por la Magdalena. En 1941 Sebastián Santos vuelve a intervenir la imagen del santo y lo mismo haría Francisco Buiza en 1972. Cinco años después estrenaba una aureola de oro de los orfebres Antonio Cruz y Manuel Frías, que reluce con mayor fuerza cuando en los primeros días de otoño el astro rey se adentra por el templo y acaba dorando los tonos ocres.

En 1996 los hermanos Cruz Solís e Isabel Poza le realizan una limpieza completa y la más reciente intervención la encontramos tras la decisión tomada por la junta de gobierno el 29 de octubre de 2019, cuando en un cabildo de carácter extraordinario se aprobó restaurar a sus titulares. La talla fue retirada el 3 de noviembre y Gutiérrez Carrasquilla efectuó una limpieza superficial de rostro y manos, eliminación de cera de los pies y peana, reintegración de pérdidas de policromía en su mayoría por alfilerazos y consolidación de los ensambles de la peana. Pero también se sustituyeron las pestañas por unas más acordes con la expresividad del rostro y se reensambló el dedo índice de la mano izquierda.

El hijo de Zebedeo y de Salomé regresó al culto el 23 de enero de 2020. El discípulo amado parecía más joven. Rostro aniñado para quien volvió a acompañar a María. No la dejó sola ni hasta el último día de su vida. Sabe de las súplicas de las vecinas, de las oraciones de quienes nos acercamos para estar junto a Ella y es conocedor de todo el cariño que le profesamos. Por eso nos la deja unos instantes en noviembre, para que en el mes de los difuntos sintamos más cerca su presencia y encontremos el consuelo que anhelamos. Desde la distancia San Juan nos señala el camino, pero esta vez hacia Ella.