El arbolito desde chiquito

Siempre que este nazareno comienza a caminar de nuevo, cirio al cuadril, con la mirada al frente en todo momento, ve por delante de él a cuantos le anteceden en esta procesión de la vida hacia el Templo de la Gloria. Se sabe parte de una fila de nazarenos que lleva muchísimos años en el Camino.

Y en ocasiones se plantea si tras él vienen nuevos nazarenos que siguen sus pasos hacia el destino final de la procesión. El nazareno quiere pensar que él no es el último eslabón de ninguna cadena, el postrer capítulo de una historia, ni el cierre y olvido de una tradición y una Fe. La esperanza de saber que, tras de sí, los nazarenos siguen los pasos marcados por quienes antes hicieron el mismo itinerario da las fuerzas para seguir, a veces caminando cirio en alto, otras quieto pero firme con el cirio utilizado como apoyo, y las menos doblado por el peso del tiempo y de los pasos dados. Pero siempre seguir en la fila.

Hoy, este nazareno ha podido ser testigo de una prueba sin discusión de que la fila de nazarenos continúa. Una demostración de la afición -que no es mala salvo que se encuentre sola-, de la devoción incipiente y de la tradición que empieza a inculcarse en los más pequeños; en esos cachorros cofrades que comienzan a sentir suyos sones de cornetas, aromas a incienso, hábitos franciscanos y costales y fajas ajustados a sus menudos cuerpos. Pues, como reza el muchas veces mencionado en estas columnas de humilde opinión cuadro que cuelga en mi Casa de Hermandad, “el arbolito desde chiquito”. Y doy fe, como que hay Dios, que es así.

Hoy ha tenido lugar, como cada año desde hace ya casi dos décadas, el primero de los actos preparatorios de la primera de las procesiones de Vísperas de cada Cuaresma. Hoy comienza a sentirse cofrade el pequeño arbolito que va a ser guiado desde chiquito hacia un destino muy alto, sin torcerse. Hoy se han reunido en el patio del Colegio de Santa María de Guadalupe, de la Orden de los Franciscanos, los aspirantes a ser quienes porten las andas del Nazareno y de la Virgen que serán los protagonistas de la procesión del Domingo de Pasión.

Es ocasión de traer a las noticias cofrades actos como éste. No todo el protagonismo se lo pueden llevar “igualás” multitudinarias -siempre es mejor, no lo olvidemos, la calidad que la cantidad-, capataces más o menos consagrados -depende de a quién le preguntes- o ensayos en horarios nuevos y por zonas deliberadamente escogidas por el tránsito de viandantes y turistas -los nuevos clubes de “fans kofrades”/alumnos aplicados y prestos a la observación y comentario ante cualquier ataque a la ortodoxia o salida de tiesto de lo que debe ser lo cofrademente correcto-.

Estos pequeños costaleros, estos incipientes cofrades que en unos años igualarán bajo trabajaderas, tienen todo el derecho a ser los protagonistas hoy. Porque, en su pequeño mundo cofrade, son los protagonistas de una experiencia que les marcará su devenir y su camino en este mundillo.

Siempre he defendido que uno de los mayores aciertos de los que una Hermandad pueda gozar es unir sus proyectos e intereses a un Colegio cercano. Cuna de futuros hermanos, cantera de próximos cofrades, y vivero de cristianos nuevos abiertos al asombro en la Fe Católica cada día que van creciendo. Por desgracia, no todas las Cofradías cuentan con esta posibilidad; pero sí es palpable e irrefutable cómo las que han sabido acercarse a un centro escolar religioso tienen una vivencia de la fraternidad cofrade muy distinta -e incluso más rica, aunque no seré yo quien diga esto-.

A los casos de Trinitarios con sus Hermandades del Rescatado y Esparraguero, o al Colegio del Carmen con Caído o la Hermandad del Carmen, se unen casos como La Sentencia con los Colegios de Las Esclavas o La Salle, las hermandades de La Trinidad con el centro homónimo, o Salesianos con el Prendimiento y, en especial, con María Auxiliadora. O el caso que nos ocupa: La Soledad y los Franciscanos.

Como ya apuntamos en la publicación “LA VALIENTE”, “…fue con la creación de la Semana Santa Infantil en el Colegio cuando los lazos con la Hermandad Franciscana se fortalecieron gracias a la colaboración estrecha de los hermanos de La Soledad con la organización del pequeño desfile procesional por las calles aledañas al colegio. Ya para este año se cuenta con más de 200 alumnos que formarán el pequeño cortejo el 3 de abril; niños que, en palabras del Director, Dios quiera que algún día formen parte del cortejo del Viernes Santo vistiendo la túnica franciscana. Qué mejor futuro para una Hermandad que los niños que visitan y oran ante su Virgen cada día.”

Lástima de aquellas hermandades que siguen ciegas y de espaldas ante los colegios que tienen a escasos metros de sus templos. En fin, todos se lo pierden.

Este nazareno marcha más tranquilo ante la nueva chicotá que viene; es sabedor de que la fila no acaba con él. Otros tomarán el cirio y alumbrarán el camino tras los pasos de quienes le preceden. Otros que, como los que hoy se sienten costaleros -porque lo son- serán los tomadores del testigo de esta bendita locura que es la Semana Santa de Córdoba.

Costaleros de cuerpos menudos pero corazones gigantes… a ésta es.