El besamanos a Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas conmemora los cincuenta años de su llegada a la Hermandad del Remedio de Ánimas

La Hermandad del Remedio de Ánimas ha vuelto a convocar, como es tradición cada 1 de noviembre, en la Solemnidad de Todos los Santos, el besamanos a Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas, dispuesto en la Real Parroquia de San Lorenzo Mártir, templo fernandino que acoge esta devoción con la solemnidad y el recogimiento que la caracterizan.

Este año, sin embargo, el acto ha adquirido un significado muy especial. Se cumple el quincuagésimo aniversario de la llegada y bendición de la sagrada imagen, efeméride que la corporación conmemora con especial gratitud y emoción. Mientras el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas preside el altar mayor durante su quinario, la Dolorosa ocupa el centro de su capilla para recibir el afecto de los fieles, quienes, ante su semblante sereno, encuentran el consuelo maternal que da nombre a la hermandad.

Un altar cargado de simbolismo y espiritualidad

El altar de besamanos, concebido con una delicadeza simbólica, recrea el escudo corporativo de la hermandad, en cuyo centro se eleva la imagen de la Virgen, subrayando su condición de intercesora entre los hermanos y el Señor de Ánimas. Tras ella se alza la cruz solitaria, envuelta por motivos vegetales que evocan llamas, y la silueta del retablo donde habitualmente se venera el Cristo titular. Todo el conjunto se orienta a recordar el misterio de la redención y el papel de María como mediadora ante el sufrimiento.

Ante la escena, una pequeña puerta abierta flanqueada por ángeles custodios simboliza el acceso al misterio divino. Estos querubines, dispuestos con delicado equilibrio, representan la custodia celeste de la Santísima Virgen. Las cornucopias laterales, reflejando la luz, aluden al título de María como “espejo de santidad”, invitando al espectador a contemplarse en ella como modelo de seguimiento a Cristo.

Coronando el conjunto, dos ángeles sostienen los principales atributos marianos: el Santo Rosario y el Santo Escapulario, signos de oración y compromiso cristiano. Ambos recuerdan que el creyente, acompañado por María, puede recorrer el camino de la fe con la esperanza de alcanzar la gloria eterna.

Culmen jubilar y salida extraordinaria

El besamanos no constituye solo un ejercicio devocional, sino también un preludio del acontecimiento más esperado de este año jubilar: la salida extraordinaria del 8 de noviembre, cuando la venerada imagen de Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas será trasladada a la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Allí se celebrará una solemne misa pontifical en la cátedra episcopal, culminando así un ciclo de medio siglo de amor y fidelidad mariana.

En aquella jornada, la Virgen “superará los límites del arco” de su capilla, acompañada por los ángeles que hoy la rodean, para retornar después a su baldaquino en un gesto de plenitud simbólica. La parroquia de San Lorenzo se convertirá así, de modo excepcional, en antesala del primer templo de la diócesis, evocando aquel histórico 1975, cuando el reverendo padre Valeriano Orden presidió el acto de bendición de la imagen, inaugurando una nueva etapa en la vida espiritual de la hermandad.

Oración y memoria viva

En este contexto conmemorativo, los hermanos del Remedio de Ánimas se acercan con emoción a la Virgen, pidiendo su amparo “en cuyas Tristezas se reflejan también las penas y padecimientos de nuestras vidas”. Desde el recogimiento del templo fernandino, Córdoba revive una tradición que une pasado y presente, mirando a María como guía maternal hacia el Señor de Ánimas, fuente última de consuelo y esperanza.