El Capirote | El Cachorro en Roma y algunos errores

Cuando esta semana conocíamos que el Cachorro podría ir a Roma en 2025 —gracias a Diario de Sevilla— pronto comenzaron a circular en los corrillos cofradieros todo un sinfín de ideas emanadas de un rumor que, efectivamente, poco tenía de incierto. Ha sido sin duda la noticia de la semana y probablemente una información destacada del curso que recién acaba de comenzar.

La idea podría materializarse dentro de dos años en el Jubileo de las Cofradías que la Iglesia ha convocado. Allí estará seguramente la Virgen de la Esperanza de Málaga, que cambiará en romero en calle Larios por las avenidas de la ciudad eterna. La invitación partiría desde la Santa Sede, pero hay un nombre que no puede quedar en el olvido, el de Paloma Saborido, profesora de la Universidad de Málaga y la única representación española.

Pero antes de adelantar acontecimientos habría que hacer memoria para recordar algunos antecedentes que nos pusieron a los pies de los caballos. Fue el caso de las JMJ de Madrid en 2011. Allí se formó un Vía Crucis con imágenes llegadas de toda España. Pero aquí, que somos mucho de decir aquello de “que venga el Papa”, se tumbó la iniciativa de que en la capital de España atracara el barco de la calle Pureza. Y Asenjo, consultando a la hermandad del Cachorro recibe el segundo “no”, precisamente de la corporación cuya sede fue tiempo después declarada basílica bajo su mandato. Casi nos quedamos sin representación en un encuentro histórico, que mostró grandes joyas de la imaginería española. Entonces en Los Panaderos se encendió aquella luz del Miércoles Santo. Y la Virgen de Regla acudió a la capital del reino, bajo su sevillanísimo palio.

Después hubo quien se arrepintió de aquella decisión, lástima llegar un poco tarde. Ahora la invitación llegaría desde el Vaticano. Y podría repetirse el no. Otras hermandades no solo de Andalucía —donde no son tan reacios, la Virgen del Mayor Dolor de Granada ya estuvo en la Roma en el año 2000— darían lo que fuera por tal invitación y, paradójicamente, hasta en Sevilla encontramos unas cuantas que, según me cuentan, no dudarían en ver por las calles del centro de la cristiandad a sus sagrados titulares.

En el mundo de las cofradías hay innumerables errores que se cometieron, y otros que por suerte no llegaron a cumplirse, como aquella idea del cardenal Amigo de llevar el cuerpo de Santa Ángela de la Cruz en la urna del Santo Entierro—. Hay juntas de gobierno que por meros caprichos eliminan Cirineos de los pasos a pesar de contar con estudios que revelan el gran daño que sufre el Nazareno, o que mutilan las iconografías a su gusto poniendo o quitando elementos. Ahora, la decisión de que el Cachorro acabe expirando bajo el cielo de Italia es una oportunidad a la par que una difícil decisión. ¿Estarán a la altura?