El capirote | El cartel de la agenda 2030

Cuando en 1999 Antonio Agudo presentó ante los asistentes el cartel de Semana Santa de aquel año, muchos salieron estupefactos al terminar el acto porque no entendían qué quería representar su autor. Aparecía un Cristo expirante, mirando al cielo, y aunque la técnica era buena, no se escapó de las críticas, que arreciaron. Y no había redes sociales. Una de ellas por puño y letra de Antonio Burgos —¡ay! qué diría si estuviera entre nosotros—.

Ahora, más de una década después vuelve a suceder lo mismo. Ninguna imagen representada de cuantas tenemos. Obras de factura sobresaliente que no aparecen por ningún lado. Porque el autor ha representado a Jesús resucitado con la cara de su hijo. Y, del mismo modo que le sucedió a Agudo, pocos se identifican al no encontrar relación existente entre el cartel, que anuncia la Semana Santa de Sevilla, con la ciudad, a la que inevitablemente ya pertenece.

Cartel de Antonio Agudo, de 1999

Era un secreto a voces el cartel, porque ya un amigo íntimo de su hijo se había encargado de difundir cómo sería desde Rociana del Condado, que es donde vive el amigo. También conocíamos el uso del color rojo, directamente por boca de Salustiano, que es quien lo manifestó hace meses.

La composición es sublime, sobresaliente en su técnica, y el autor ha aprovechado el tirón de una manera brutal. Porque a Salustiano le da igual hacer un cartel de Semana Santa o no. No lo necesita. Y ha entendido el encargo como un producto en el que mostrar su arte. Y lo ha conseguido. Y además ha provocado que sea el cartel más viralizado en años. Y detrás del cartel, Salustiano, viendo cómo no hay telediario que no aborde el impacto causado.

Aquello que sucedió con Agudo vuelve a repetirse en la ciudad cíclica. Quizá si hubiera estado representado el Gran Poder o la Macarena el impacto habría sido mucho menor. Se habría quedado al nivel que permanece el del año pasado, o el anterior… Pero mostrar a un Cristo resucitado que más bien es un efebo de la Antigua Grecia ha dado sus frutos. Y además adaptado al siglo XXI, a la imagen del hombre —que no todos— que cuida su pelo, se depila las cejas y acude al gimnasio.

La presentación da la vuelta al mundo. En Facebook escribía un usuario que en Guatemala siguen muy de cerca la información cofradiera, y se esperaban cualquier cosa menos esto. Y los más contrarios a la gran celebración de la primavera levantan las copas y brindan porque consideran que lo mejor que puede pasar es cargarse la Semana Santa desde adentro. Y que, cayendo Sevilla, caerán irremediablemente todas las demás. Porque la de aquí es la punta de lanza.

Pero no culpemos a Salustiano, que tiene que estar arrepintiéndose lo más grande después de que su hijo se haya convertido en carne de meme, con stickers acompañado de petaladas y montajes posando delante de algún conocido local de la Alameda de Hércules. La culpa es del Consejo. La institución más rancia que puede existir en la ciudad ha dado un espaldarazo definitivo a la agenda 2030. Un Consejo que no tiene tiempo para arreglar el orden de paso de los días más conflictivos de la Semana Santa, pero que te sube el precio de las sillas antes de que te des media vuelta. Y es precisamente lo que tendrían que hacer los de San Gregorio, porque la racha que llevan es tan meritoria… Y para muestra el cartel que nos ha regalado.

Una vez presentado y criticado, ahora es el turno de que resurjan aquellos que defienden lo que muestra. Porque para unos puede ser Jesús resucitado, para otros el símbolo de la desacralización de la sociedad, para otro sector un guiño al lobby gay, porque gais también hay en el Consejo, y en la Semana Santa, y en El Llamador… Y en un sinfín de sitios más. Aquí ningún sector escapa de verter su opinión.

Salustiano, te ha salido la jugada redonda.  

El cartel de Salustiano García