El capirote | Esa pandilla de paletos

Las redes sociales nos han traído el cóctel perfecto para adoctrinar a la población. Entre los dimes y diretes de los influencers, las conspiraciones entre estados y las fórmulas varias de cómo maquillarte si vas a cenar con el hombre de tu vida los jóvenes no tienen tiempo para desarrollar un espíritu crítico ante lo que pasa. Entre esto y que no leen –esto lo hacían mucho antes de que irrumpieran las redes– se crea el clima perfecto para la desinformación.

Entonces surgen las hordas ávidas de polémica y se empeñan en empañar lo que será una cita histórica, un capítulo grabado en letras de oro para la religiosidad popular española y andaluza. Aguardan en Roma el Nazareno de León, el Cachorro de Sevilla y la Virgen de la Esperanza de Málaga. Centrándonos en nuestra comunidad, de sobra es conocido el enfrentamiento entre las provincias, sobre todo entre las que precisamente tienen representación en Roma a través de dos de sus imágenes más reconocidas.

Uno bucea en las redes, que no son más que el reflejo de la sociedad en la que vivimos –con la diferencia de que hay más verdad porque el anonimato lo provoca–, basta para encontrarse con una sarta de auténticas necedades con las que pretenden embarrar un acontecimiento que, aunque les duela, ya forma parte de los acontecimientos más grandes que hemos vivido nunca.

Unos, lanzando ataques criticando la altura del Cachorro y que apenas pueda ser admirado de cerca por los visitantes, perdiéndose poder admirar parte de su anatomía. Otros, manifestando que la Esperanza debía haber sido ataviada de otro modo. Y los de afuera asistiendo a un debate nefasto espoleado por algún que otro medio de comunicación y ciertos periodistas a los que les ponemos cara.

Acaba desvariando este torpe debate aumentando en gravedad y saltando por los aires. Ahora no se trata de Cachorro vs Esperanza sino de Sevilla contra Málaga –o viceversa–. Tu ciudad es muy patrimonial, pero en vuestras casas todo es de Ikea, el equipo de tu ciudad es de risa… Cuestiones varias que no demuestran más que ese chovinismo que lleva intrínseca la idea de superioridad, que nos conduce a situaciones de discriminación y conflicto no es más que nocivo para la convivencia.

Historias estas más antiguas de lo que pensamos, aunque el punto de partida de la nueva horda de estupideces arrancó cuando se conoció que la figura de la malagueña Paloma Saborido había sido clave para que el Cristo de la Expiración viajara a Roma. Entonces parte de Sevilla puso el grito en el cielo y arrecieron las críticas. Esa Sevilla en concreto entre la que se encuentra el famoso periodista que continúa con la matraca de hacernos ver que el número de nazarenos es un estorbo. O el que exclamó que en Málaga no conocían la idiosincrasia de Sevilla al idear cómo sería la procesión –como si Paloma fuera la única organizadora, la persona de la que dependiera todo–.

A las dos grandes ciudades les unen más cosas que las que le separan. Ambas tienen un alquiler por las nubes, con una sanidad que se desangra, con un paro que solo mengua en determinadas épocas gracias al turismo, porque de industria mejor ni hablar. Y a las dos las está cercando el narcotráfico, una por la costa y otra, río arriba. Ciudades sin alma que han sido vendidas al visitante por unos miles de euros, que han arrojado su centro a pisos turísticos, con escasa opción a que los jóvenes puedan seguir tejiendo sus historias en el mismo sitio que los vio hacer.

En vez de unirnos, de sacar pecho y sentirnos orgullosos porque dos grandes devociones están en el centro de la cristiandad nos esforzamos en echar a perder el sueño que está a punto de culminar. Porque somos así, humanos y rastreros, dejándonos influir por la opinión de cuatro lerdos y añadiendo al fuego consideraciones que no son desde luego de ser un buen cristiano.

Sobra en este mundo de las cofradías este tipo de seres, el imaginero que grabó con su móvil evitando que saliera la otra imagen allí presente –quienes los conocemos sabemos de su intencionalidad y mala baba–, los chovinistas exacerbados, los periodistas malajes, los que infunden odio y los pavos que entran al trapo. Bienaventurados los que se hallan en Roma dispuestos a ver más allá, con una visión amplia, más profunda y analítica sobre el significado que supone para Andalucía el momento que se vivirá el próximo sábado. Vosotros sí que lo disfrutaréis. Salud.