«Pido perdón, como sevillano, al resto de España por dar esta imagen en estos momentos. Y soy cofrade como el que más, que disfruta de las cofradías». Es tan solo uno de los mensajes que uno puede leer en las redes sociales, las mismas que critican aquellos cuando les cantan las verdades, pero que utilizan para promocionar sus libros o avisar de la próxima emisión de su programa cofrade.
Desde que se conociera que las lluvias iban a hacer acto de presencia ya quedaron claras las posibilidades con las que trabajaba la actual junta de gobierno: trasladar la imagen de la dolorosa como fuera hasta la catedral, porque había mucha gente que no se podía quedar sin acudir al primer templo de la ciudad. Bien podrían tener en cuenta al cuerpo de nazarenos, cuando el regreso desde la catedral hasta su capilla cada Domingo de Ramos padece las horas que pueden reducirse y mucho debido a los izquierdazos y a recrearse todo lo posible. Ahí están las imágenes de un cortejo con escaso público llegando a Reyes Católicos, algunos sentados en las aceras y otros abandonando porque cruzar el puente no es sinónimo de que ya se termina la estación de penitencia sino de que empieza otra hasta que se recoge la cofradía.
Quienes opinan que la dolorosa debería haber permanecido en San Jacinto en medio de un país que está de luto oficial han visto rápidamente cómo el sector más extremista de las cofradías —claro ejemplo de lo que es un cristiano— arremeten insultando y arrojando el «¿qué has hecho tú por los damnificados por la DANA?» en vez de mirar hacia adentro y preguntarse qué están haciendo ellos.
Me pregunto qué decisión habría tomado la junta de gobierno de la Estrella si los muertos en vez de haber sido valencianos hubieran sido de Sevilla, si se hubiera reafirmado en llegar hasta el centro o hay muertos de primera y de segunda. Pero, francamente, prefiero no saber. Tampoco tengo interés en conocer qué harán aquellos otros que afirman que la vida sigue y no se puede parar. Entiendo que, cuando les afecte de manera indirecta la pérdida de algún ser humano, opinarán lo mismo, y se lanzarán a la calle en busca de sus amigos y un rincón donde tomarse una cerveza.
Y es mejor no saber porque tantas lecciones nos apabullan. Como la de aquellos extremistas de los medios, que no son pocos, como el que busca el clickibait fácil cada semana, basado en el morbo de ver cómo alguien destroza el trabajo ajeno. O el que tan solo revela sus orígenes cuando el Gran Poder acude al barrio de los Pajaritos, pero el resto del año recuerda que su vida nace en la calle Feria. Y si vamos a la cúspide ¡cómo olvidarnos del señor que gusta de programas cofradieros con una carga importante de acidez! Igual le haría menos gracia si en ellos se abordada la condena del Tribunal Supremo por ahorrarse millones de euros a la hora de pagar a Hacienda.
Nos dan lecciones quienes más tienen que cerrar la boca. Siempre ha sido más fácil gritar que recoger la escombrera que tenemos de puertas hacia adentro. Se aplazan partidos de La Liga, conferencias, estrenos de cine, pero aquí seguimos a lo nuestro. Por suerte, hay hermandades con clase y clase de hermandades. Y un ejemplo es la de la Vera Cruz, quien decidió suspender el concierto previsto ayer en la sede social de la Fundación Cajasol en señal de condolencia con las familias de los fallecidos y desaparecidos en las inundaciones.
Mientras tanto, la Estrella recorría la ciudad, en medio de una alerta amarilla con recursos policiales y sanitarios que mañana volverán a estar disponibles más tiempo del estipulado, porque nadie duda de que no cumplirán el horario ni de lejos. Que cada quien piense dónde está la solidaridad con los fallecidos y con quienes mañana tendrán que echar horas extra.
Y a Carlos Martín, actual hermano mayor, recordarle que, gracias a él, como cabeza visible de la hermandad, se recordará que la Virgen salió durante una jornada de luto oficial en España en medio del peor temporal en lo que va de siglo en el país con más de doscientos muertos. Cuando dejes tu actual puesto, ya tienes otro hito durante tu mandato. Por cierto, pregúntale a la Madre de Dios, la que está arriba, no a una representación de la Virgen, qué hubiera querido ella.





