Quizá no le suene el término o puede que intuya a qué hace referencia. Incluso vagamente pueda deducir de qué se trata. Se van incorporando palabras a nuestra lengua a medida que las utilizamos con mayor frecuencia. Y así es como van incorporándose, desapareciendo otras, modificándose algunas.
Tal término lleva un tiempo apareciendo en las tertulias cofrades. E incluso si bucean en los foros podrán encontrarse con ejemplos que casan con lo que significa. La «gloriofobia» no es ni más ni menos que el rechazo o desprecio al mundo de las glorias, a todo lo que tiene que ver con ellas. Su crecimiento, tristemente, ha ido surgiendo y ha provocado que aparezca un término para designar a este pensamiento que se ha instalado en el cofrade.
Este tipo suele autodenominarse a sí mismo como seguidor de las penitenciales, defensor de que las salidas extraordinarias de este sector se jalonen durante todo el año e incluso defiende la división dentro del Consejo de penitenciales y letíficas de modo que las ganancias de la carrera oficial sean exclusivamente para las primeras. Obvian, algunos de ellos, a las sacramentales, sugiriendo, por otra parte, que el Corpus se celebre exclusivamente el jueves, tal y como lleva celebrándose desde hace siglos, pero con la particularidad de que en el resto de feligresías no salga a la calle la procesión más importante del año.
En algunos foros tal actitud de traduce con ejemplos hallados en la red: «Si no sale ninguna en Semana Santa tendré que ir a ver algunas de esas glorias para quitarme el gusanillo» o «no se puede comparar a unas con otras, no hay más que ver el tirón». Expresiones que llevan a preguntarnos cómo es posible que hayamos avanzado tanto hacia la mediocridad en tan corto espacio de tiempo. Porque este tipo de cofrades son incapaces de valorar que la riqueza de las glorias en Sevilla no tiene parangón en el resto de España, que su historia no tiene nada que envidiarle a las penitenciales y que algunas tienen una trayectoria que se cuenta por siglos, siendo mantenedoras durante más de lo que se piensan del fervor mariano que vertebra la ciudad.
Más desconcertante es, si cabe, que haya periodistas que potencien una división inútil acrecentando una corriente de opinión impropia de quienes valoran el patrimonio y la riqueza cultural que aquí se atesora, yendo en contra de hermandades que defienden los mismos fines. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿De dónde salen esta serie de cofrades?





