El capirote | La grandeza de Jerez

Las procesiones magnas son un reclamo para cualquier cofrade que se precie. Nos dan a conocer cómo se vive la religiosidad popular de una determinada área geográfica y además nos enriquecemos con infinidad de datos que se desconocen. El hecho de que tengan lugar fuera de Semana Santa implica que no dejemos de lado aquella de la que somos asiduos y podamos adquirir nuevos conocimientos. Y disfrutar de lo que nos apasiona.

Fue un acierto el cambio de la procesión magna organizada en Jerez si tenemos en cuenta la afluencia de público y el buen tiempo que propició disfrutar de la que es, sin duda, una de las grandes celebraciones más destacable de los últimos años. Y tal afirmación refrendo por las siguientes cuestiones:

La calidad artística de sus imágenes. Dolorosas como la Virgen del Valle, la Esperanza, los Dolores o la Amargura, por poner tan solo algunos ejemplos, porque la lista se hace más extensa dada la riqueza que atesora la ciudad. Nombres como Diego Roldán, Ignacio López -en cuyo círculo sitúan últimamente la ejecución de la sevillana Virgen de la Estrella- son tan solo la referencia. A otras, de autoría anónima, todavía se le sigue buscando quién está detrás de semejantes tallas de gran maestría.

Textil y orfebrería: sobre la segunda, el palio con las caídas de plata de la Virgen de la Paz y Concordia no necesita presentación. La platería, salida en gran parte del taller Viuda de Villarreal, es solo un ejemplo de la riqueza con la que pudimos deleitarnos. De Villarreal vimos también la orfebrería del palio de la Amargura. En cuanto a los bordados, el antiguo de San Bernardo cobija hoy a esta última dolorosa, diseñado por Rodríguez Ojeda. Del mismo autor son los bordados del techo de la Virgen del Traspaso. Otra joya indiscutible, el palio y manto de la Piedad, adquiridos a la hermandad de la O de Sevilla, de las hermanas Antúnez. Tampoco puede obviarse el manto que antaño perteneció a la Virgen de la Amargura de la capital hispalense, hoy propiedad de los Judíos de San Mateo.

Iconografías sublimes: la Virgen de la Confortación acompañada por el ángel san Gabriel, quien ahora se le aparece ofreciéndole el pañuelo con el que ella enjugará sus lágrimas. La disposición de las manos de la Virgen de los Dolores, cruzadas sobre el pecho que resaltan aún más la pena que siente la Madre. El conjunto, con las flores de talco, fue de ensueño. El conjunto del duelo, con la Virgen de la Piedad es insuperable. La disposición de las Marías fue todo un acierto, no desgajándolas del conjunto y compartiendo en la misma peana espacio con la sacra conversación.

Momentos únicos: cada región conserva sus tradiciones… o no. Los barrios del centro de las grandes ciudades sen han ido despoblando en pos de una avalancha de pisos turísticos y franquicias. ¿Cuántos gitanos quedan de la Cava en Triana? ¿Quién recuerda aquellas llegadas del Cachorro a la periferia rodeado de su gente? ¿Dónde están los que levantaban la fábrica de artillería que vivían el Miércoles Santo junto a la Salud de su Cristo y el Refugio de la Madre? Y así podemos palpar ejemplos cuantificables en las grandes urbes del sur. En Jerez, la llegada a sus barrios de la Virgen del Valle y la Esperanza de la Yedra fue sobrecogedora para quienes presenciamos en primera persona tales momentos. La subida de la dolorosa del Socorro llegando a la catedral, en medio de las bengalas, otra estampa de gran belleza. El Traspaso recuperó las coronas de flores, rescatando estampas de otros tiempos. Su transitar, con la que antaño fue la forma de llevar los pasos de Semana Santa en Jerez, añadió mayor originalidad al conjunto.

Podría seguir añadiendo más motivos para visitar Jerez en Semana Santa. Sus calles, su gente, tan acogedora. Hubo bullas, como las del Valle o la Esperanza, pero el púbico al final resolvió las aglomeraciones como sabe hacerlo. Porque quienes de verdad acuden a ver procesiones y son consciente de lo que hay y se representa, saben responder sin estridencias, insultos, sin montar espectáculos como en otros sitios nos tienen acostumbrados. Los capataces y contraguías, respetuosos en todo momento. Sin ostentar el papel de dictadores que vemos en ocasiones, creyéndose dueños no del paso sino del espacio. Ya podrían aprender lecciones de, por ejemplo, el contraguía del Valle, a quien observé permitiendo que un niño pudiera acercarse a tocar el manto de la imagen que, por cierto, lucía un exorno con algodón que fue otro acierto de la jornada.

Si Jerez guarda entre sus paredes un importante patrimonio, no cabe duda de que sus tradiciones, como la Semana Santa, son la gran joya de su corona.