Es uno de los enemigos de las cofradías. El último de ellos ha tenido como escenario el atrio de la iglesia de San Antonio Abad. Y no han tardado en aparecer los beaturrianos para afirmar que lo sucedido ha sido un milagro, cuando su intencionalidad, sin desearlo, revela una ignorancia supina, dado que la escayola es uno de los materiales más ignífugos que existen. Por el contrario, sí ha desaparecido el óleo sobre lino que realizó Ricardo Suárez y que se encontraba en la entrada al tempo, representando a San Diego Alcalá. Por suerte, es (o era) una reproducción de otra obra del siglo XVIII que durante la junta de gobierno presidida por Antonio Rodríguez Cordero pasó al interior, encargándose otra que ocupara el espacio dejado por aquella. También ha quedado en un estado lamentable la cruz que se hallaba cerca del venerado santo.
Más allá de las interpretaciones de cada quien, hay que agradecer a los servicios de bomberos la rápida actuación y que el triste suceso haya acontecido a la luz del día, lo que ha evitado pérdidas mayores.
Este capítulo se suma a los ya conocidos como el incendio de la capilla del Patrocinio que acabó con la antigua titular mariana, el 26 de febrero de 1973. Casi diez años más tarde, en San Lorenzo, una sala habilitada donde los devotos depositabas sus velas ante una fotografía de considerable tamaño del Gran Poder, llamó la atención del capiller segundo de la corporación, quien observó cómo las llamas la devoraban. Curiosamente, el cuadro se salvó. Y la imagen fue cubierta, dispuestos a sacar la obra de Mesa por la puerta de la sacristía con el Señor de Sevilla. El origen del suceso, la mala composición de las velas, que provocó que desde entonces no se permitiera su uso por parte de los fieles.
En San Jacinto se perdieron las imágenes de Las Aguas, en este caso a causa de un cortocircuito eléctrico. La que fuera conocida como El Silencio de Triana se trasladó a la otra orilla del río, comenzando una nueva época. La presencia del fuego es desgraciadamente protagonista durante la Guerra Civil. Ni qué decir tiene que entre los malos momentos atravesados la Hiniesta sube al podio por dos veces. San Bernardo, Los Gitanos, San Gil…
La lista es interminable. Tampoco los conventos lo evitaron. El de casa grande de San Francisco antes de su desaparición sufrió varios de ellos, y si le sumamos las inundaciones… pueden llamar a la puerta de Triana, pero ese es otro capítulo aparte.
Lo vivido en San Antonio Abad es también un aviso. Porque era sorprendente que tal apilamiento de velas, la subida de la temperatura, no hubiera hecho estragos años atrás. Queda ahora ver cómo resolverá esta situación la hermandad, y qué otras medidas tomarán ante un enemigo que devora casi todo lo que encuentra a su paso.





