La escasez de noticias es manifiesta en verano. Una y otra vez los mismos temas, las historias retorcidas hasta la saciedad. La restauración de la Virgen de la Esperanza nos ha devuelto hasta coleccionables de otras restauraciones que provocaron que los sevillanos pusieran el grito en el cielo. Algunas las conocíamos de sobra, como la del Gran Poder o la Esperanza de Triana. Otras, solo recordamos quienes las vivimos. ¿Qué pasó con el Cristo de Burgos cuando, hace décadas, se cayó y fue intervenido por Sebastián Santos? ¿Qué sucedió para que, de repente, el crucificado del Miércoles Santo pudiera horas antes de su salida procesional efectuar su estación de penitencia a la catedral?
Recuerdos aparte, actualmente no hay semana que no nos encontremos con referencias en televisión o prensa sobre la desafortunada intervención de Arquillo en la imagen mariana. Habrá quien vuelva a recordar la universalidad de la Macarena, pero más piensan algunos que si lo fuera menos no tendríamos encima a periodistas que vienen a buscar el morbo y la mofa más que otra cosa.
La semana va de guasa con nuestra dolorosa más icónica. El pasado domingo en TVE, concretamente en el programa D Corazón Germán González se expresaba en términos poco adecuados, volviendo a tratar el tema con cachondeo. Este, que cuenta entre sus amistades con Samantha Hudson, ya podría abordar la polémica de los tweets de su amiga y dejar de meter las narices en cuestiones que desconoce. O hablar de con quién se acuesta o quién se levanta cierto famoso, que es básicamente los temas de los que se nutre la prensa del corazón.
Lo de The New York Times es otro capítulo más. Y, por si faltara poco, The Sunday Times ofrecía el 17 de este mismo mes otro capítulo. Matthew Campbell afirmaba que se había reunido con el historiador Jesús Romanov, quien le había puesto al día sobre la restauración de la Niña de San Gil. El artículo, más que abordar la restauración no cesa en las comparaciones entre la Macarena y la Esperanza de Triana. El periodista manifiesta que Romanov comenta que «he is also one of 18,000 Macarena brothers (Triana has only 12,000, he sniffed», lo que viene a ser en español que él es uno de los 18.000 hermanos de la Macarena y que Triana solo tiene 12.000, dijo con desdén. Permítanme que dude de que se expresara así el profesor.
Más adelante podemos leer que en Triana «the misfortunes of the Macarena have been met with a flicker of schadenfreude», que significa que las desgracias de la Macarena han sido recibidas con un destello de alegría por el mal ajeno, manifestando que la mayor rival de la dolorosa es la Esperanza de Triana, la cual ha pasado toda su vida en un segundo plano frente a su rival, más antigua y más venerada.
Cuando pase el tiempo y se aborde la restauración más polémica de los últimos años habrá una gran diferencia entre el sentimiento con el que vivimos en Andalucía y en el resto del mundo. Nuevamente volvemos a ser objeto de mofas nacidas de la desinformación y de los clichés que arrastramos. Pasarán los años y ojalá aquí sigamos sintiendo del mismo modo. Lo que opinen los demás es lo de menos.





