El capirote | Zorras y zorros

Con la resaca del Benidorm Fest ya puede verse por las calles del centro a varios críticos con el cartel de Semana Santa que entonan aquello de Nebulossa que acabará convirtiéndose en un himno. Es curioso cómo la ciudad fluctúa y cambia según le convenga al personal.

Al final, lo que queda claro es que el Consejo ha de estar encantado de ver cómo la atención se la continúa llevando el cartel de Salustiano y nadie parece recordar el despropósito de itinerarios de la próxima Semana Santa, con un Buen Fin desayunando mientras sale por la puerta o el regreso de las Siete Palabras por una avenida vallada. ¡Pronto iban a tomar esa decisión con otras cofradías! Sobre todo, si al frente está un destacado abogado.

Porque aquí importa, y mucho, quién esté detrás. Ahora no, se llevan la atención los que están delante: Salustiano, llamando a los de la Sexta para la presentación del cartel, sabiendo la que se iba a montar. ¡Pobre artista! Que ha tenido que cerrar sus redes sociales ante los insultos. Bien podría haberlas dejado en manos del pusilánime de José de León, que está encantado con la que está cayendo. No hay polémica donde no aparezca para dar su opinión sin que se la pidan, y se pirra por aparecer en pantalla. ¿No hay llamada? No pasa nada. Él se encarga de ofrecerse para dar su punto de vista, como hacen los grandes, como lo que se cree.

Tantos microtemas hay en el cartel que se nos escapa otro asunto interesante. La libertad creativa que tienen los artistas para realizar sus obras fuera de nuestras fronteras. Y si no que se lo digan a Daniel Franca. Que pregunten en Chiclana qué les ha parecido el cartel. Porque aquí hay quien lo eleva a la categoría suprema, pero imaginen esa obra para anunciar la Semana Santa. La que hubiera caído. Si necesitamos una imagen venerada y reconocida, el haber mostrado un plano de la ciudad o el fondo del parque María Luisa como anuncia habría supuesto la censura total desde los distintos sectores.

¡Qué listos son algunos! Aquí acaban ganando todos. Unos en publicidad, otros en narcisismo y otros en líderes del Arte cuando nadie se interesa por ellos. Y, mientras tanto, suban el precio de las sillas, tapen los temas polémicos y sonrían mirando a cámara, con un equipo al frente que se frota las manos.