El cartel intolerante

Ha llegado muy tarde pero al fin Sevilla tiene su cartel. Y aunque da infinita tristeza para un sevillano saber que la mejor Semana Santa del mundo es la última en anunciarse, el debate se enfoca gira 180 grados hacia los sentimientos que genera la obra presentada.

Y es que la predecible Sevilla, al igual que ocurría esta mañana con el vitalista cartel de las Fiestas de Primavera de María Tapia, se hacía año tras año la misma pregunta: ¿Te ha gustado el cartel?

Pues bien, respetando la profesionalidad y valía de Manuel Cuervo, mi respuesta es clara y concisa: No. Simple y claro. Sin cortapisas ni rimbombancias como las que se han escuchado y leído estos días.

A este redactor que les acompaña cada jueves no le ha gustado el cartel que anuncia la Semana Santa de Sevilla 2022 porque podría anunciar igualmente, en el estilo, el Sicab, las rebajas del Corte Inglés o la noche de Halloween.

Y no quiero llamar a error ni elevar la tensión a los super modernos que no dejan de soltar fluidos por todo su cuerpo desde que se descubrió la composición de Cuervo el pasado sábado.

Este trabajo, lejos de recrear la esencia cofrade y pasionista de los días grandes por cualquier calle de la ciudad, opta por acercarse más a un cartel de cine o de un evento cultural.

El cartelista ha hecho una creación de su cosecha, en elementos propios de su estilo y con el mismo esquema de otras obras suyas como el Cartel de la Macarena, el de la Hiniesta o la Esperanza de la Yedra en Cádiz, que están cortados por la misma tijera.

Se trata además de una pintura muy moderna y totalmente separada del costumbrismo y el clasicismo local, decisión totalmente respetable del autor.

Ahora bien, más allá de los gustos en blanco de cada cofrade de la ciudad o incluso de fuera, es sencillamente grotesca la intolerancia que cierto sector de la sociedad sevillana y varios medios de comunicación demuestran hacia todo lo que no sea este tipo de arte.

Y es que Sevilla de un tiempo a esta parte se ha vuelto muy Kitch y contemporánea (para lo que interesa, por supuesto), desprestigiando desde periódicos, programas de radio y televisiones todo lo que huela a clásico, tradicional e incluso con unción.

Y partiendo de la base de que todos somos muy abiertos, ¿puede un cartel de la Semana Santa no tener unción? ¿Y ser un simple anuncio para revistas y marquesinas?

Seguro que si preguntan a los lumbreras revolucionarios que alardean con petulancia delante de un micrófono les dirán que es cartel debe ser eso, un anuncio comercial y publicitario de la fiesta; desterrando todo lo demás y humillando a los artistas que apuestan por esa esencia cofrade y costumbrista, sin más, que tan bien caracteriza a nuestras cofradías, y por ende a su cartel.

Por ponerles un ejemplo, no hay más que recordar como un empleado de un diario local escribió un domingo, en uno de sus sentenciadores artículos, que el pintor César Ramírez «pintaba bien pero antiguo», en referencia a su extraordinario cartel de la Semana Santa hispalense.

Llámenlo como quieran, pero si nos designamos modernos, liberales e integradores, deberíamos actuar de esa manera, más aún en el arte, donde todo tiene cabida y donde la discriminación, por mucho que les diguste a según qué entendidos, se sale del cuadro.