En este tercer Domingo de Noviembre, ya cada vez más cercano al Adviento. Vivimos el XXXIII Domingo del tiempo ordinario, en el que celebramos la 2º Jornada Mundial de los Pobres, y un domingo más traemos a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.
Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.
Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»
Palabra del Señor.
El evangelio de hoy forma parte del discurso de Marcos con que se cierra la actividad de Jesús, antes de entrar en la pasión. Es propio de la liturgia con la que culmina el año litúrgico usar esos textos apocalípticos que plantean las preguntas finales, del mundo y de la historia. Jesús no fue muy dado a hablar de forma apocalíptica, pero en la cultura de la época se planteaban estas cuestiones. Por eso le preguntan el día y la hora en que ha acabará este mundo. Jesús no lo sabe, no lo dice, simplemente se acoge al lenguaje de los signos apocalípticos para hablar de la vigilancia, de estar alertas, y de mirar “los signos de los tiempos”.
Los signos de los tiempos siempre han sido un criterio de los profetas, donde hablaban del discernimiento de cómo vivir y de qué esperar. ¿Por qué? Porque de siempre los profetas han pensado que Dios no había abandonado la historia a una suerte dualista donde la maldad podría imponerse sobre su proyecto de creación, de salvación o liberación. Pero los signos de los tiempos hay que interpretarlos. Por ejemplo, hay que saber ver la mano de Dios en medio del mundo, en nuestra vida personal y en la de los demás. La historia se “transforma” así. Y Dios interviene en la historia “por amor a nosotros” y nunca “contra nosotros”. De igual manera que el anuncio del “reino de Dios” por parte de Jesús, es una muestra de que esta convencido de su providencia y de su fidelidad a los hombres que hacen la historia.
Existen algunos tipos de mentalidades, que siempre han creído y propagado que el final del mundo vendrá con una gran catástrofe en la que todo será arrasado. Lógicamente, esto no nos obliga a pensar que es así. Dios tiene sus propios caminos y sus propias maneras de llevar hacia su termino esta historia y nuestra vida. En los términos más auténticos de Jesús se nos invita a mirar los signos de los tiempos, como cuando la higuera echa sus brotes porque el verano se acerca; a descubrir un signo de lo que Dios pide en la historia. Dios tiene sus propios caminos para poner de manifiesto que en esta historia nada pasa desapercibido a su acción y de que debemos vivir con la espera y la esperanza del triunfo del bien sobre el mal; que no podemos divinizar a los malvados, ni tirar por tierra a los hijos de Dios. Los malvados no pueden ser dioses, porque todos los hombres son “divinos” como imagen de Dios. Así es como se transformará esta historia a imagen del “reinado de Dios” que Jesús predicó y a lo que dedicó su vida.





