Existen acontecimientos en la vida de una hermandad que marcan un hito indeleble, y para la Hermandad Salesiana del Prendimiento de Córdoba, el 26 de enero de 2014 constituye uno de esos momentos decisivos. No se trató de un mero acto administrativo, sino de la apertura de un umbral histórico, el punto de partida de una transformación que, durante años, parecía improbable, que abrió puertas de par en par que hasta entonces permanecían clausuradas. Bajo la presidencia del hermano mayor Juan Carlos Sanz Armada, aquel Cabildo extraordinario supuso el inicio de un proceso que reconfiguraría de manera sustancial la actual identidad patrimonial y procesional de la corporación.
Recuerdo con precisión la conversación telefónica que mantuve con el hermano mayor en vísperas de aquella fecha, a raíz de un artículo de opinión que subrayaba la inquietud y la desazón que provocaba comprobar cómo una hermandad con un potencial extraordinario navegaba en un estancamiento prolongado. Le expliqué que mi crítica no constituía una queja infundada, sino la manifestación de un afecto profundo y generacional hacia el Prendimiento: mi padre, antes de ser hermano de la Paz, fue nazareno del Prendimiento y me enseñó a amar de manera singular a la Hermandad Salesiana de la calle María Auxiliadora.
Durante aquella conversación, le expuse al hermano mayor mi convicción de que el Prendimiento poseía todos los elementos para erigirse en una de las cofradías más relevantes del Martes Santo, pero que la falta de iniciativa durante décadas había permitido que otras corporaciones, con menos recursos y potencial, le arrebatasen protagonismo. El hermano mayor Sanz Armada, aunque estaba al inicio visiblemente contrariado, comprendió la dimensión de mi argumento: su hermandad tenía la obligación moral y estratégica de asumir un liderazgo que correspondía a su historia y posibilidades, consolidando un vínculo simbiótico con el colegio salesiano del que hasta entonces había permanecido relativamente distante. Fue en ese momento cuando me desveló que en poco tiempo se produciría un cabildo que cambiaría las cosas para siempre. Y así fue.
Meses después, la asamblea extraordinaria ratificó lo que puede definirse como una auténtica revolución interna: la aprobación del nuevo paso de misterio, del paso de palio para la Virgen y de un hábito penitencial renovado. No se trataba simplemente de decisiones técnicas, sino del trazado de un proyecto de transformación profunda, un camino de construcción pausada y rigurosa que, por fin, permitía materializar la aspiración largamente compartida por los hermanos.
Desde entonces, y bajo la continuidad garantizada por Sanz Armada y sus sucesores —Juan Manuel Baena y Francisco Martínez— la hermandad ha consolidado una trayectoria de crecimiento sostenido, fundamentada en la excelencia y en un respeto escrupuloso por la calidad patrimonial. Un camino jalonado de numerosos éxitos y algún que otro error, no pasa nada por decirlo, aunque el cómputo global resulta rotundamente indiscutible. Un proceso, que además del excelente trabajo desarrollado por sus hermanos, ha contado con la colaboración de especialistas de reconocido prestigio, como Miguel Ortiz, Manuel Jurado, Julio Ferreira, Manuel Jiménez y Jesús Rosado, cuyo aporte ha elevado la ambición artística de la corporación.
Hoy, con la esperadísima presentación del palio de Nuestra Señora de la Piedad, ese proyecto iniciado hace más de una década empieza a manifestarse en su plena concreción, a comenzar a desandar la materialización de su última fase. El misterio progresa hacia su culminación, el paso de palio se aproxima a su estreno, la nueva casa hermandad ya es una realidad y el cortejo nazareno se han consolidado como referentes de excelencia y profesionalidad dentro del ámbito cofrade.
Lo que comenzó como una conversación fundada en el amor y la preocupación por el Prendimiento se ha transformado en una escala sostenida de éxitos, en la que conviven la disciplina, la visión y, naturalmente, algunos errores inevitables en cualquier proceso creativo de largo aliento. Cuando este itinerario concluya, el Prendimiento se erigirá no solo como una cofradía esencial de Córdoba, sino como una de las más influyentes y admiradas de la Semana Santa de la ciudad de San Rafael, un orgullo tangible para los cofrades locales y un referente que trascenderá fronteras.
2014, el año de la Revolución, quedará para siempre inscrito en la memoria histórica de la Hermandad del Prendimiento: fue el año que encendió la llama de un sueño largamente esperado, que hoy comienza a desplegarse con majestuosidad ante los ojos de toda la ciudad. Un sueño que comienza a materializarse.





