El cirineo | Fraude

No escucharán ni leerán análisis con carga de profundidad sobre este asunto en ninguno de los medios de comunicación tradicionales sevillanos, más allá de algún pequeño comentario medido para dar apariencia de objetividad y libertad. Lo contrario sería asumir que la presencia del Cachorro en Roma, que podría haber sido un acontecimiento en clave histórica, se va a traducir en un sonoro e indiscutible fracaso.

La constatación de lo que muchos sospechábamos, habida cuenta de las advertencias, más o menos explícitas, proferidas por algunos de los agentes implicados en la organización, que desde el primer momento han puesto el parche antes de que salga el grano que ha terminado saliendo, avisando de que la concreción del itinerario se hallaba a expensas de lo que permitiese el ayuntamiento de Roma, aprovechando con ello para dar una patada voladora a la posible responsabilidad de quienes han creado este desilusionante recorrido, ya vaticinaban que podría suceder lo que ha terminado ocurriendo.

Podrán buscarse todas las excusas que se quieran pero lo cierto y verdad es que el Coliseo dista poco más de un kilómetro del Vaticano, por lo que no nos encontramos ante un problema de distancia, pregonen lo que pregonen algunos. Como cierto es que muchos (no es mi caso porque ya me olía que esto iba a pasar) soñaban con ver procesionar al Cachorro por la Plaza de San Pedro. No es mi caso porque tiendo a ser pesimista frente a este tipo de «regalos del cielo», sobre todo cuando hay manifestaciones y señales que inducían a serlo.

El itinerario es un fraude, sin paliativos. No solo porque está compuesto por poco más de tres vías áridas sino porque está «lejos de todo», incluido cualquier templo no ya relacionado con el jubileo sino simplemente católico, pese a que muchos de quienes se atreven contra el cartel de San Fernando no tengan lo que hay que tener para decirlo. El absurdo recorrido ha convertido una ilusionante procesión en un desilusionante fracaso. Algunos se afanarán por sacar una histórica foto (y lo lograrán) del Cristo de la Expiración fundido con la imagen del Coliseo o la del Circo Máximo, tal vez lo único salvable de un itinerario infame, junto con el maravilloso cartel creado por ese genio llamado Fernando Vaquero.

Hay quien dice que todo este desastre, al igual que la presencia del Nazareno de León, ha sido «un gol por la escuadra» tanto a la Hermandad del Cachorro como a la de la Esperanza, en cuyo caso creo que la respuesta debería ser inmediata, declinar la presencia de ambas imágenes y destinar a otro fin la pasta que implica el desorbitado gasto (en mi opinión absurdo, visto el resultado) que deriva del traslado de imágenes y todo lo demás a Roma. No cuenten con ello. Basta con ver la autocomplacencia de quienes más mandan, periodistas, cofrades y políticos, para concluir que todos parecen estar muy satisfechos con todo este desaguisado.

En cualquier caso, yo tengo serias dudas de que se la hayan colado a nadie. Quienes ahora se rasgan las vestiduras, teatralmente, por el hecho de que el Cachorro vaya a salir desde una carpa, en una ciudad con incontables templos, o son sordos o extremadamente ingenuos porque éste es un extremo perfectamente conocido desde el principio. Respecto al itinerario: ¿se dijo toda la verdad a los hermanos cuando fueron convocados para tomar una decisión al respecto? Si la respuesta es sí, quienes votaron afirmativamente (alentados por los mismos medios de comunicación y opinión inducida, que ahora callan como cobardes) en el pecado llevan la penitencia. Si es no, alguien debería asumir las pertinentes responsabilidades. Pero tampoco cuenten con ello.

Y no me cuenten milongas, invocando motivos de seguridad y chorradas adyacentes. La Virgen del Mayor Dolor, de los Escolapios de Granada, se paseó triunfante por la Plaza de San Pedro y no se paralizó Roma. La conclusión es indiscutible. El itinerario es un fraude. Y me cuesta creer que a los organizadores les haya pillado de sorpresa. Un fraude lo suficientemente desalentador como para que muchos de quienes pensaban gastarse un ojo de la cara para acudir al evento renuncien a hacerlo, ¿realmente merece la pena? Tal vez haya que asumir, a toro pasado, que probablemente tenían razón quienes decían que quien quiera ver al Cachorro que vaya a Sevilla, porque, aunque terminase formando parte de la eucaristía de clausura que presidirá el Papa Francisco, «la procesión de Roma» se ha convertido en un lamentable fracaso, en un quiero y no puedo, en un bluf de proporciones vaticanas y en una pesadilla en la que se ha convertido lo que fue un hermoso sueño (ver al Cachorro procesionar en el centro de la cristiandad) que algunos han sido incapaces de materializar.