El cirineo | ¿La excelencia era tapar a la Esperanza Macarena?

Hace apenas unos días, Sevilla se entregaba a una polémica airada, elevada a la categoría de debate casi doctrinal, a raíz del altar de cultos que la Hermandad de los Panaderos dispuso en la iglesia de San Andrés con motivo de su 425 aniversario fundacional. El detonante fue conocido: la estructura instalada ocultaba a los titulares de la Hermandad de Santa Marta, circunstancia que provocó una cascada de opiniones, juicios sumarísimos y hasta comunicados oficiales cruzados entre ambas corporaciones. El asunto, sobredimensionado en algunos foros, parecía haber tocado una fibra especialmente sensible del ecosistema sevillano.

Con ese precedente aún caliente, este martes se ha dado a conocer la estructura diseñada por la priostía de la Hermandad de la Macarena para los cultos del quinario de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia. Y la sorpresa ha sido mayúscula: el altar, por su volumen y disposición, tapa de forma evidente a la Virgen de la Esperanza Macarena. Sin embargo, lo verdaderamente llamativo no ha sido tanto el hecho como la ausencia de una reacción proporcional. No ha habido ríos de tinta ni tribunas inflamadas. La respuesta ha sido, cuando menos, tibia, como si no conviniera incomodar al equipo dirigente de la corporación del Arco, no vaya a ser que el cuestionamiento tenga consecuencias a medio o largo plazo. Si esto ocurre en el mandato anterior, alguien hubiera propuesto fusilar al hermano mayor en la plaza pública; y sé de cierto personaje que haría un programa especial frente al atrio.

Es cierto que algunas voces aisladas, especialmente en determinados foros, sí han expresado su perplejidad. Y no sin fundamento. Se han formulado preguntas razonables: por qué no se ha trasladado a la Virgen de la Esperanza al camarín de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia durante los cultos, evitando así que quedara visualmente anulada por el altar. La respuesta no parece encontrarse en la seguridad, pues ambos camarines cuentan con sistemas de protección similares, incluidos cortafuegos. Por tanto, no ha sido una cuestión técnica, sino una decisión de otro orden, o tal vez desidia o falta de competencia, sin más.

A este desconcierto se añade un elemento que acentúa la sensación de incoherencia. En los últimos meses se ha repetido hasta el hartazgo que uno de los grandes objetivos de la Junta de Gobierno que preside Fernando Fernández Cabezuelo era recuperar la excelencia en la Hermandad de la Macarena. Un argumento reiterado con tal insistencia que, al contemplar la imagen ofrecida hoy, no son pocos los que se han preguntado en voz alta si esa excelencia consistía en tapar a la Virgen de la Esperanza, o si realmente no existía ninguna alternativa posible que evitara una solución tan discutible.

Más allá de debates técnicos o estéticos, resulta difícil de comprender, desde cualquier óptica, que la Esperanza —símbolo, corazón devocional y razón de ser de la hermandad— quede relegada a un segundo plano visual por mucho que sean los cultos del Señor. Porque, al final, la excelencia no se proclama: se demuestra. Y hay decisiones que, por mucho silencio que las envuelva, hablan demasiado alto.