El cirineo | La socialista RTVE comienza 2025 con un cobarde insulto a millones de cristianos

La falta de talento se evidencia cuando el único modo de que hablen de ti es el insulto barato y la podredumbre moral y mental disfrazada de presunta transgresión. Así lo ha vuelto a demostrar la sujeta entrada en carnes que ha acompañado a Broncano, el bufón de la corte de Pedro Sánchez en la infumable retransmisión de las campanadas perpetrada por el canal público, financiado con los impuestos de todos, como los sueldos de los dos pelagatos que han protagonizado el esperpento.

En un momento del patético programa, no me pregunten cuál porque desde luego no perdí ni un segundo de mi tiempo en presenciar semejante bazofia, la aspirante a provocadora sacó una estampita con la que ridiculizó al Sagrado Corazón de Jesús. La tienen en la foto; juzguen por sí mismos. Un cobarde, miserable y repugnante ataque (otro más) a la fe de millones de católicos. Un insulto en toda regla, que solo merece una respuesta similar a una individua, a la que no tengo el mal gusto de conocer, pero que, al parecer, lleva varias semanas haciéndose la víctima porque la llaman «gorda». Un adjetivo calificativo absolutamente descriptivo, a tenor de las imágenes que he visto de ella que parece ser muchísimo más grave que insultar a las más íntimas creencias de millones de personas. Por cierto, antes de que se me alboroten algunos, a mí también me sobran kilos y no rasgo las vestiduras cuando me lo dicen. No suelo ir de llorón por la vida.

Retomo el asunto, que me disperso. Un ataque cobarde porque, como bien ha dicho una figura de la cultura española, poco sospechosa de ser precisamente cristiana o de «derechas», como Lucía Etxebarria, «lo verdaderamente provocador hubiera sido que hubiera salido con un burka y luego se lo hubiera quitado», añadiendo que «nadie hubiera hecho un bromazo con la imagen de Mahoma y una cabeza de toro. Nadie hubiera hecho un bromazo con una vaca con burka» y recordando que «actualmente en Afganistán está prohibido que las mujeres hablen en la calle, que canten incluso dentro de sus casas, que salgan a la calle sin burka. Por ley, se tapian las ventanas de las casas en las que viven mujeres». Para esto, añado yo, le faltan cojones a la gorda y al bufón.

La escritora ha incidido en que «no hace falta que seas católico para que veas que esto no tiene sentido y que esto es, sencillamente, cobarde», subrayando que «es insultar gratuitamente (no había por qué) a unos creyentes, pero callarse la boquita respecto a otros. Y con dinero público», para concluir pronosticando que «al final vais a volver a poner al catolicismo de moda y vais a conseguir que un montón de jóvenes se hagan católicos, porque vais a provocar el efecto bumerán».

Poco más que añadir tengo, salvo incidir en esta última idea: como ha ocurrido con la obsesión de la izquierda por Franco, el fascismo y la ultraderecha, obteniendo, en contraprestación, que muchos adolescentes conozcan hasta la letra del superrancio Cara al Sol o la del himno de Pemán, al contrario de lo que ocurría en la década en la que mayor libertad ha gozado España: los ochenta, cuando no teníamos ni idea de semejante cosa. Y con el odio al cristianismo van a conseguir, también, el efecto contrario en las nuevas generaciones, como con el feminismo radikal, al tiempo. Que sigan creando odio y división: se volverá contra ellos. No lo duden.