Por desgracia, el panfleto filo-comunista Cordópolis nos ha regalado, una vez más, uno de esos ejercicios de propaganda disfrazados de periodismo que rezuman prejuicio, mala fe y obsesión contra todo lo que huela a incienso, cruz o cirial. Podría acompañar esta columna con una lista de articulitos de este corte, pero me lo guardaré para una mejor oportunidad. En esta ocasión, como ha ocurrido muchas veces en épocas pretéritas, el despropósito lo firma Juan Velasco, un autor que ha demostrado en incontables piezas su fijación enfermiza hacia la Iglesia y las cofradías, tratándolas como si fueran un enemigo a batir en una guerra ideológica que solo existe en su cabeza y en la de quienes le jalean.
El “trabajo” que nos ocupa se presenta como una supuesta noticia sobre una recomendación de la UNESCO para limitar el uso de velas en interiores de monumentos históricos con el fin de prevenir incendios. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol: la noticia es conocida y se refiere a riesgos genéricos, sin personalizar en nadie. Sin embargo, la “genialidad” —por llamarla de algún modo— del panfleto consiste en ilustrar la información con una imagen de nazarenos desfilando entre el bosque de columnas de la Mezquita-Catedral, como si la mera presencia de cofrades con cirios fuese una amenaza equiparable a una cerilla encendida en un polvorín. Poco han tardado en poner sobre la mesa los dos objetivos que la izquierda y la extrema izquierda pretenden alcanzar a cuenta del incendio de la Catedral de Córdoba. El primero, la expropiación. El segundo, por si algún incauto no se ha dado cuenta aún, echar a las cofradias del templo. Y porque no pueden prohibirlas, de momento. Por descontado, ambas cosas irían de la mano. Si expropian el templo, el siguiente paso es impedir que las cofradias accedan a él. Eso es lo que hay.
La manipulación como oficio
Esta elección gráfica no es inocente, ni casual, ni fruto de la torpeza: es un acto consciente, calculado y malicioso que pretende asociar visualmente la imagen de los nazarenos con el reciente incendio sufrido por la Mezquita-Catedral, un suceso que nada tiene que ver con las cofradías, sus cultos ni sus procesiones. Establecer tal relación causa-efecto no solo es intelectualmente deshonesto: es un insulto a la inteligencia de cualquier lector mínimamente formado.
Quien haya estado a medio metro de un cirio procesional sabe perfectamente que su llama, reducida y controlada, no puede provocar un incendio de semejante magnitud. Esto lo entiende cualquiera… excepto, parece, Velasco y el reducido coro de radikales entusiastas que aplauden sus ataques, siempre dirigidos en la misma dirección.
Una fijación obsesiva
No es la primera vez —ni será la última— que desde este «medio» se recurre al mismo patrón: buscar cualquier pretexto para demonizar a la iglesia, los curas y, en último término, las hermandades. Les incomodan, les molestan y, sobre todo, les obsesionan. La extrema izquierda cordobesa, a la que se alinea este panfleto, no soporta que las cofradías tengan un arraigo social y cultural que trasciende lo puramente religioso. Y como no pueden erradicarlas, las ensucian con insinuaciones ridículas y asociaciones infames.
Lo más grotesco es que pretenden que el público crea que unas velas portadas por nazarenos, en un entorno hipercontrolado y con estrictas medidas de seguridad, puedan reducir a cenizas un templo milenario. Si de verdad Velasco piensa algo así, demuestra una estupidez a prueba de bomba; si no lo cree y lo escribe igualmente, lo que revela es un desprecio absoluto por la verdad y por sus propios lectores.
Del periodismo al activismo
Hace tiempo que Cordópolis dejó de ser un periódico para convertirse en una sección militante de un panfleto mayor, con el mismo ADN ideológico y la misma obsesión patológica contra las cofradías y todo lo que tenga raíz cristiana. Sus textos no buscan informar, sino deformar; no pretenden explicar, sino intoxicar. Lo de menos es el hecho noticioso; lo que importa es empaquetarlo con la dosis necesaria de veneno ideológico.
En resumen, estamos ante un nuevo vómito editorial que no engaña a nadie. No es periodismo, es agitación disfrazada. Y aunque cambien las fotos, los titulares y los pretextos, la obsesión anticofrade sigue siendo el hilo conductor de esta particular cruzada.





