En el cirio de la semana pasada, hablábamos sobre la Cuaresma y sobre las tres cosas que nos pedía el Señor como el ayuno, la limosna y la oración. Hoy seguimos hablando de la Cuaresma.
En estos cuarenta días los cofrades tenemos tiempo más que suficiente para reflexionar, para orar, para entregarnos a los demás, para perdonar y para pedir perdón, para ser generosos con nuestros semejantes, para hacernos fuertes en nuestras convicciones, para comprometernos, para sentirnos alegres porque confiamos en que Jesucristo nos va salvar, aunque para ello vaya a morir, por nosotros, crucificado.
A mí, como creo que a todos los cofrades, me encanta este tiempo de Cuaresma, y estoy deseando que llegue y cuando está ya aquí, siento que nos embarga nuestras emociones, que huele a cera y a incienso; y en nuestras hermandades los altares de culto lucen con todo esplendor para expresar con toda solemnidad el culto divino a Nuestro Señor y a su Stma. Madre; la música, que nos hace colmar nuestros sentidos, los ensayos de los costaleros por las calles de nuestra ciudad. En fin, tantas y tantas cosas que vivimos en la Cuaresma que nos hace que sea un tiempo que, como digo antes, estamos deseando que llegue cada año.
Y por eso para nosotros, los cristianos, los cofrades, este tiempo tiene que ser tiempo de prepararnos para algo importante como es que, a través de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, a través de los Misterios que vamos a contemplar en los maravillosos retablos andantes que desfilaran por nuestras calles y plazas, alcancemos la Gloria de la Resurrección.
Está muy bien que tengamos en nuestras hermandades, nuestros cultos internos y externos, ensayos de costaleros, las mesas redondas, los conciertos de bandas, nuestros desfiles procesionales, nuestras Estaciones de Penitencia a la S.I. Catedral, pero que no se quede sólo en eso, sino que sea algo más, algo mas importante, algo que, de verdad nos lleve a encontrar a Cristo y a Maria, a buscar el camino para ir hacia Dios.





