El otro día, en una taberna castiza de nuestra ciudad, estaba yo tomándome una copa de vino cuando me encontré con un amigo y empezamos nuestras típicas tertulias cofrades. Empezamos a hablar de elecciones y salió él tema de una Hermandad que precisamente está celebrando sus elecciones.
Me decía mi amigo que le sorprendía que los candidatos a las elecciones de las Cofradías se les llene la boca de la identidad católica y de ser cristiano. Y precisamente esos mismos no van a Misa ningún Domingo. O como me decía mi amigo que uno de los candidatos de las elecciones citadas, decía «que había que anteponer la identidad católica antes que la Cofradía», y que había que escuchar a miembros de su candidatura hablar con odio de hermanos de la propia cofradía. Y digo yo, que si ganan mucho tendrán que cambiar y aprender… Y esto me hace ver las incoherencias que existen en el mundo de las Cofradías.
Acabamos de terminar un curso cofrade donde se ha demostrado que las Hermandades son indudablemente un signo y expresión rotunda de la religiosidad popular, pero que esconden mucho de hipocresía. Y me explico: para muchos, la Semana Santa es la fiesta más preparada, la más querida y añorada de todo el año. Pero también es la que levanta más polémicas y más contradicciones con el propio mensaje del Evangelio al que, supuestamente, dicen responder las hermandades. Que se salve la que pueda.
Este año yo he participado más o menos activamente de mi Hermandad y hemos tenido muchos actos y muchas tertulias y en la inmensa mayoría de los casos, se alejaban bastante del mensaje de amor al prójimo que proclamó Jesucristo. ¿La comprensión, la clemencia, la compasión… no forman parte de la médula espinal del católico? ¿Cómo es posible que gente que se autocalifica de «cofrade» y de «católica» siga rezumando odio por sus propios hermanos de Cofradía??. Una hermandad no es una asociación cultural, como algunos parecen querer demostrar.
Una hermandad es una asociación de laicos cristianos que se esfuerzan en vivir su fe todo el año. Que se alimentan de la palabra de Dios, de la misa dominical, de los sacramentos. Que viven la caridad exigida por Cristo como norma suprema de convivencia. Que aman a la Iglesia y que son testigos, en el mundo, de Cristo y su Evangelio.Para muchos, los estatutos de las hermandades son letra muerta que no les dicen nada. Por eso abundan los cofrades que solo acuden para vestirse de nazarenos un día o dos al año y, todo el tiempo restante, pasan de Dios, de la Iglesia y hasta de los cultos de su propia cofradía. Falta interés y falta formación, sin duda, porque la incultura religiosa es aterradora. Hasta defendemos actitudes que nada tienen que ver con la moral cristiana.
Criticar a una Hermandad porque la banda toque mejor o peor o porque sus capataces imiten a los sevillanos hasta en el acento no es ser cofrade ni hermano de verdad. Es una pantomima, algo que no tiene sentido. Desde mi humilde punto de vista, no basta procesionar una imagen, ni mucho menos, sino que debemos ser coherentes, quitarnos de una vez las caretas y no encender a Dios una vela en Semana Santa y cien al diablo en los restantes días del año.





