Hace unas semanas hablábamos de que no todo el mundo vale para ocupar cargos de responsabilidad en nuestras Cofradías, y que muchas veces tiene que tener una serie de actitudes y que la improvisación nunca es buena consejera.
No son pocas como veiamos, las capacidades que deberían reunir todos esos cargos de responsabilidad que conforman la pequeña pirámide jerárquica de una cofradía, pero está claro que hay que aspirar a conseguirlo, porque personas válidas siempre hay. No podemos caer en un buenismo mal entendido y aceptar a aquellos que no están a la altura o que ya no se sienten preparados para cargar con el cargo, no permitiendo el darle la oportunidad a otros, dejando escapar a un valor humano muy válido, no hay razón para ello, o no debería…
Las cofradías deben de cuidar y apoyar, desde el interior más profundo, a estas personas que reúnen estas aptitudes y actitudes, porque no las hay tantas y desgraciadamente en una sociedad en la que el apego a las cofradías va tendiendo a la baja, más difícil resultará encontrarlas en el futuro. No las cansemos, pensemos en ellas cuando designemos los diferentes puestos de Juntas de Gobierno, dejémosles trabajar, mostrémosle confianza y apoyo en todo momento y que muestren la lealtad sincera a través de los consejos y críticas que invitan a mejorar.
Por ello, espero que estos artículos de opinión sirven para poder valorar a esas personas que ejercen sus responsabilidades bajo las premisas descritas, porque todo lo expuesto no es sencillo. Porque probablemente mientras lees estás líneas, haya algún equipo de Mayordomía trabajando en su Cofradía.
Aún así, y aunque no lo necesitan, yo desde aquí le digo GRACIAS, porque con estos cofrades, al fin del mundo…





