El Cirio | Los cofrades, ¿llamados al servicio?

Los miembros de las cofradías, hoy más que nunca, debemos dar a conocer a Jesús a través de nuestras obras, en las que no tienen cabida la injusticia, la soberbia, el egoísmo, la intolerancia, etcétera. Y parece que últimamente sí, y donde se anteponen los intereses y los problemas personales a los verdaderos problemas cofrades que son los que deben de preocupar.

Ardua tarea para la que hemos de contar con la ayuda de Dios, a través de la oración, los Sacramentos y la lectura de su Palabra. La fe, la esperanza, y sobre todo, la caridad, deben ser nuestra seña de identidad. Entiendo que esto debe ser una cofradía. 

Su verdadera identidad, basada en el culto, la formación y la caridad, ha de ser el espejo en que se mire el alejado de Dios, el indigente, el afligido, y todo aquel que le necesite y le busque con sincero corazón.

Considero que si la cofradía no abre nuestro corazón, y guía nuestros pasos hacia Cristo; si no hunde su raíz en Él y refleja su rostro, no es una auténtica cofradía, sino un grupo de personas que trabaja todo el año, para engrandecer la misma. 

Los cofrades de las distintas cofradías, hemos de ser testigos de Jesús en la sociedad, desde la libertad y la dignidad de hijos de Dios, y desde la responsabilidad que esto conlleva, sabedores de que “nuestra vida puede ser la única Biblia que otros lean”.