Ya se va acercando el momento, estamos a menos de dos semanas para que muchos vistamos el hábito nazareno. Y desde hace varios años hay algunas hermandades que están haciendo una campaña entre sus hermanos para que éstos vistan la túnica de nazareno y eso es algo que me parece destacable, encomiable, porque es intentar recuperar a esos muchos hermanos que no se visten de nazareno, por diferentes motivos y distintas causas.
Así que es de felicitar a esas Hermandades, pocas a mi entender, que le quieren y están dándole la importancia que tiene el vestir la túnica nazarena y animo a todas las demás a que se unan a esta gran iniciativa.
El vestir la túnica nazarena debe de ser un orgullo, algo muy grande para los cofrades. Debe ser algo que se adquiera casi al nacer, porque desde pequeños nuestros padres nos animaran a ello, aunque tampoco esté nada mal, más bien todo lo contrario, el que se obtenga esa costumbre por deseo propio, por convencimiento, luego de mayor sin importar la edad.
Hay en estos tiempos muchos cofrades que, tal vez, porque lleguen tarde a las hermandades, su primer encuentro con ellas es el de ser costalero y están así varios años, incluso hasta llega a gustarle la hermandad y a sentirse identificado con ella, pero cuando llegan a una edad, para mi todavía temprana y muy joven, dejan de cargar, seguramente, porque estén cansados o lesionados y, aunque sigan siendo hermanos, no se visten de nazareno, y ese es el verdadero problema de nuestras hermandades, conseguir enganchar a esta gente.
Alegan algunos de esos que no se ponen el hábito nazareno, que ya “están mayores para eso”, y seguramente lo dicen porque no sienten o no han tenido la oportunidad de sentir lo que es el vestir esa túnica y procesionar con ella junto a tus Sagrados Titulares. Tal vez porque no han tenido desde pequeños esa enseñanza de sus padres o de su familia y no han podido percibir la inmensa alegría que se siente por vestirse de nazareno. Conozco gente bquenhan cambiado por circunstancias el costal por la túnica, y luego ya no han vuelto al costal.
Porque, a mi manera de ver, el vestir la túnica, la túnica de mi hermandad, es un acto de amor a Cristo y a María, de devoción a nuestros Titulares, de fe, de culto público a Dios, de fervor, de responsabilidad para con nuestra hermandad, de coherencia con nuestras creencias.
También pienso que es así, vestido con el sagrado habito nazareno, como el momento ideal del que muchas veces no disponemos, en la vorágine del día a día, para la meditación en los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y en los Dolores de su Santísima Madre. Asimismo, creo que son momentos únicos para reflexionar sobre nuestra vida, para orar calladamente, para hablar con Dios de Tú a tú, de hacer penitencia interior.
Porque el vestir la túnica para el procesionar junto a los Benditos Titulares de nuestra hermandad cada año, cada Semana Santa, tiene que ser algo que nos salgo desde muy dentro, debe de ser algo que necesitemos y sintamos como cristianos que somos, algo en el que se nos note nuestro sentir religioso, nuestras creencias, nuestra manera de ser y de sentir.
Quien no haya vestido una túnica no conoce lo que siente con ella en la procesión, no sabe lo que es ir igualado en los colores de nuestra hermandad de forma anónima, no conoce lo que es ir en el cortejo penitencial acompañado de sus hermanos en la fe y devoción a Cristo y a María y sintiendo a ellos detrás nuestro. No podrá comprender lo que es el sentido espiritual de meditar calladamente y hablar con tu conciencia.
Y la semana que viene, Semana de Pasión, terminaremos de explicar, lo que significa vestir el habíto de tu Hermandad. Seguirá…





