La semana pasada nos quedó pendiente de hablar sobre lo que significa vestir el habíto. Pero también pienso que no es lo mismo el vestirse de nazareno que el ser nazareno. El ser nazareno es sentirse así desde que los padres lo iniciaron en ese sagrado menester y permanecer en ello toda la vida, aunque no se pueda poner, por la causa que sea, el habito cofrade, incluso hasta la hora en que se haya de presentar ante el Padre.
El vestirse de nazareno, aunque, insisto es muy bueno y loable, si no se lleva y se tiene ese espíritu que nos debe de impregnar esa ropa puede quedar en algo frío, monótono, rutinario y en algo lejos del verdadero sentido espiritual que conlleva el sentirse nazareno, en ser discípulo de Cristo.
Es para mí un ejemplo, y creo que deben de mirarse en ellos los más jóvenes, el hecho de que aún haya muchos cofrades que con una edad que supera los cincuenta y sesenta años de edad siguen cada año vistiendo la túnica nazarena de su hermandad. Maravilloso y eficaz ejemplo que deben de seguir muchos cofrades que no lo hacen.
Hace algunos años varios medios de comunicación que se dedican/dedicaban a la información cofrade hablaban de que en muchos cortejos procesionales de nuestra Semana Santa faltaban “manos arrugás” porque se veían muy pocas en los mismos.
Las dos cosas, a las campañas sobre la túnica me refiero, me parecen extraordinariamente buenas, positivas y necesarias para que cada año más y más hermanos de cada Hermandad vistan la túnica nazarena, porque la verdad, es algunas veces “un tanto triste” ver los cortejos de nazarenos de algunas hermandades en las que faltan muchos hermanos y que luego se ven por fuera de la procesión con sus medallas puestas.
Alguna razón de peso, muy fuerte, tendrán, digo yo, para no llevar el hábito de su hermandad, me refiero a razones de salud, enfermedad u otra de tanto peso que le impida esa bendita acción, porque cualquier otra, de verdad que no la entiendo aunque las respeto, porque cada uno sabe lo que tiene que hacer y yo no soy nadie para juzgarle.
Por eso desde estas líneas animo a todos los que puedan, aunque estemos inmersos en plena Semana Santa, (nunca es tarde y seguro que en las diferentes hermandades siempre será bien recibido un nuevo hermano/a que quiera vestirse de nazareno) que se animen y vistan la túnica de su Hermandad, porque así irán sintiendo y percibiendo todo lo que ello conlleva y que hemos tratado de explicar en estas líneas.
Estoy seguro de que si lo hacen querrán permanecer en esas filas penitentes con su túnica de capa o de cola, con cíngulo o esparto, pero al fin y al cabo con esa ropa de nuestra querida hermandad que, estoy seguro, muchos querrán llevar hasta el fin de sus días.
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