El Cirio | Vivamos la Cuaresma

Hace unos días que hemos entrado en el tiempo de Cuaresma y este es, para los cristianos, para los católicos, tiempo de conversión, de arrepentimiento, de oración, de cambio de nuestras actitudes, de regeneración de nuestra alma, de buscar y encontrar a Cristo, de hacernos un hombre nuevo de camino hacia la Pascua de Resurrección.

Este tiempo, estos cuarenta días, tiene un significado muy importante y trascendente para los cristianos, como puede ser el tiempo necesario para obtener algo importante. El tiempo en que Cristo estuvo ayunando en el desierto, para prepararse y asumir su Pasión, Muerte y Resurrección.

En la Cuaresma la Iglesia nos pide, siguiendo lo que Jesucristo nos dice en el Evangelio, el ayuno, la oración, la limosna. Y esto es importante, muy importante que los cristianos lo tengamos en cuenta en la Cuaresma.

El ayuno, la oración, y la limosna se puede interpretar, en mi opinión, desde muy diversos ángulos, ya que, se puede hacer literalmente, es decir, ayunar en la comida (quitarnos de comer o hacer algo que nos guste o respetar la abstinencia de los viernes de cuaresma de no comer carne o productos derivados), o tal vez de otra forma, como puede ser quitándonos de, por ejemplo, estar tanto tiempo conectados con el telefono móvil a las redes sociales, de ver tanto la televisión. Etc.

La oración, que no hace falta hacerla necesariamente desde una Iglesia (aunque una vez a la semana acercarnos a un Templo a participar en la celebración de la Sagrada Eucaristía) pues se puede hacer perfectamente caminando, en casa, en el trabajo o haciendo deporte, sencillamente hablando con Dios y contándole nuestras “cosas”.Y la limosna que tampoco necesariamente tiene que ser dando una donación a personas o entidades que lo necesiten (que también es necesario, aconsejable y preciso hacerlo), sino que puede ser en la entrega de nuestro tiempo a los demás, llámese Cáritas, personas enfermas o necesitadas de compañía, de nuestro cariño hacia aquellos que, tal vez nos caen “mal”.

En estos cuarenta días los cofrades, los cristianos, tenemos tiempo, más que suficiente, para reflexionar, para orar, para entregarnos a los demás, para perdonar y para pedir perdón, para ser generosos con nuestros semejantes, para hacernos fuertes en nuestras convicciones, para comprometernos, para sentirnos alegres porque confiamos en que Jesucristo nos va salvar, aunque para ello vaya a morir, por nosotros, crucificado.

A mí, como creo que a todos los cofrades, me encanta este tiempo de Cuaresma, y estoy/estamos deseando que llegue y cuando está ya aquí, sentimos que nos embargan nuestras emociones, que huele a cera, y a incienso; y en nuestras hermandades los altares de culto lucen con todo esplendor para expresar con toda solemnidad el culto divino a Nuestro Señor y a su Stma. Madre; la música, que nos hace colmar nuestros sentidos, los ensayos de los costaleros por las calles de nuestra ciudad, en fin, tantas y tantas cosas que vivimos en la Cuaresma que nos hace que sea un tiempo que, como digo antes, estamos deseando que llegue cada año.Y por eso para nosotros, los cristianos, los cofrades, este tiempo tiene que ser tiempo de prepararnos para algo importante como es que, a través de la Pasión Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, a través de los Misterios que vamos a contemplar en los maravillosos retablos andantes que desfilaran por nuestras calles y plazas, alcancemos la Gloria de la Resurrección.

Está muy bien, excelente, estupendo que tengamos en nuestras Hermandades, nuestros cultos internos y externos, ensayos de costaleros, las mesas redondas, los conciertos de bandas, nuestros desfiles procesionales, nuestras Estaciones de Penitencia a la S.I. Catedral, pero que no se quede sólo en eso, sino que sea algo más, algo mas importante, algo que, de verdad nos lleve a encontrar a Cristo y a Maria, a buscar el camino para ir hacia Dios.