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El cuento de la Semana Santa 2022

Vaya por delante la ilusión y ganas que tenemos todos de vivir una Semana Santa con procesiones el año que viene. Pero este humilde articulista no se cree un pimiento de las mongoladas que se han escuchado reiteradamente durante este semana.

Hecha esta abrupta introducción, vayamos a la historia contada como un guión al más puro estilo Disney.

Había una vez un reino de casas bajas y gente con mucha vida, deseosa de celebrar sus grandes fiestas populares. Los aldeanos del lugar, llamado Sevilla, llevaban dos años sin vivir las grandes celebraciones por un maleficio llegado de Oriente que mataba sin piedad a todo lo que encontraba a su paso.

Las personas estaban esperanzadas en una vacuna que derrotaba la temida amenaza, con la que podrían volver a vivir su Semana Santa, la tradición por antonomasia que llevaba a los Cristos y Vírgenes del reino a procesionar por las calles más importantes, que se adornaban con colgaduras para recibir a sus imágenes.

La vacunita avanzaba rapidita, pero el peligroso maleficio se hacía fuerte en otros reinos y se temía una nueva propagación.

En este entuerto, los pregoneros del lugar, hoy llamados periodistas, fantaseaban con pasos en la calle tras una ambigua y relativista declaración del consejero de salud de otro territorio mayor, que llamaremos Andalucía.

El dirigente poderoso encargado de las vacunitas, que pondremos por nombre Jesús Aguirre, dio la misma seguridad sobre la vuelta de las procesiones que una nevada en pleno agosto en ese reino tan cálido y confortable.

Y, cuando todo volvía a la calma en el lugar, habló otro dirigente poderoso, el concejal de fiestas mayores del reino, que llevaba por nombre Juan Carlos Cabrera.

Este hombre importante proclamó que en diciembre habría pasos y procesiones en la calle. No hubo terminado este anuncio, cuando los habitantes se pusieron a celebrar la noticia y a brindar de felicidad. Fin del cuento.

Ahora, queridos lectores, el baño de realidad. El redactor que les aprecia e informa no es vidente, y por ello no es capaz de definir lo que ocurrirá en diciembre, o en la próxima Semana Santa. Pero sí puedo recordar lo que sucedió antes. Y esta situación, con declaraciones de ese tipo, ya se vivió antes. Justamente hace un año.

El mes de junio de 2020 fue recibido con el fin de las famosas fases que nos llevarían a «la nueva normalidad» tras el confinamiento. Las tasas de Covid-19 habían bajado sustancialmente; los muertos también. El triunfalismo era latente en las institucioones. Y los políticos de Andalucía y Sevilla daban esperanzas con un septiembre en el que se recuperarían las procesiones, las ferias y los conciertos en circunstancias normales.

Todos sabemos lo que ocurrió después. Y lo que acontece hoy. Ya son muchas prórrogas y fuegos artificiales que se evaporan rápidamente.

Por ello es mejor ser prudentes ante la vuelta del culto externo y de la próxima Semana Santa, porque los datos son los que son y la gravedad del virus no se remite en 1 día, ni siquiera con la milagrosa vacuna a la que toda la población se aferra. Vayamos sobre los pies y sin correr.

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