Ocurrió un 12 de junio de hace ahora 7 años. Aquel día toda Sevilla fue Domingo de Ramos toda Sevilla se convirtió en Triana porque la Estrella que más brilla inundó las calles de la ciudad para iluminar con su luz infinita cada rincón, cada calle y cada plaza. Cuentan las crónicas entonces parece que ha pasado un mundo incluso para quienes estuvimos allí, que aquel día la estrella se encontró con su barrio con su ciudad de una forma multitudinaria y al mismo tiempo íntima.
Toda Sevilla en realidad todo el universo quiso estar allí. Ocurrió con motivo del 450 aniversario de la Hermandad. La Virgen salió a la calle en loor de multitudes para provocar un auténtico delirio para precipitarse sobre todas y cada una de las almas que acudieron a su presencia para bañarse en sus pupilas. Radiante iba la luz más bella, dolorosa y lefítica al mismo tiempo, endulzando con sus maravillas los rigores del incipiente verano luminosa como nunca de la mano de Pepe Garduño. Vestía la saya blanca y el manto de salida recogido de una forma singular.
No llevaba puñal ni Lignum Crucis ni pañuelo… porque aquel día la Virgen se ofrecía el universo cofrade fruto de una metamorfosis mágica que la convirtió en ejemplo único te Virgen de Gloria. Porque Gloria fue lo que derramó la Estrella a cada paso del elegante caminar a la voz de Pepe Luna y en Gloria inabarcable convirtió cada milímetro que fue pisado por sus andares de Reina. A los sones de la marcha «Jesús de las Penas, una oración» el paso de la Virgen de la Estrella fue girado hacia el Cristo para enfilar posteriormente la puerta mientras el brillo ocupaba su lugar de privilegio en las pupilas de muchos de los que allí se encontraban, en medio de una incontable multitud que preñaba la calle San Jacinto.
La Virgen vestía toca de sobremanto al contrario de lo que ocurre en Semana Santa y el fajín de general del Duque del Infantado otra pieza de su magnífico ajuar que no suele lucir bajo la luna de Nisan. Todo era diferente porque así ella lo había querido. Llevaba a sus pies la reliquia de Santa Teresa de Jesús y el paso iba adornado con velas rizadas y exorno con nardos, reproduciendo aquella salida de 1960 cuando se celebró el 400 aniversario y frecsias. Y para hacer brillar aún más su refulgir inconmensurable, estreno los nuevos varales de Juan Borrero.
«Estrella Sublime», «Estrella luz marinera», «Corona de estrellas»… tantas fueron las sinfonías que en su honor glorificaron aquella noche de Triana al compás insustituible de la incomparable Oliva de Salteras que el mismísimo cielo quiso abrirse de par en par para hacerse participe de un momento para la historia, una cita irrepetible imposible de explicar que se convirtió instantáneamente en un recuerdo de oro para la memoria colectiva de todos los sevillanos. ¡Cómo olvidar el instante sublime en que la Estrella llegó a la Capilla de los marineros para rendir visita a la Esperanza!
Dos recuerdos de aquella histórica jornada se conservan en las calles de Triana, dos retablos cerámicos que fueron bendecidos al paso de la Reina indiscutible de Triana. Uno en la esquina con Pagés del Corro, obra de Ángel Lora Serrano, cuya ornamentación arquitectónica fue diseñada por el propio pintor y realizada por alumnos de la Escuela de Arte y Artesanías «Della Robbia» con la dirección técnica de Pedro Sánchez Linares. El otro descubierto entrada la madrugada del 13 de junio, a la entrada del paso de María Santísima de la Estrella, donadi de la cuadrilla de hermanos costaleros del paso de Nuestro Padre Jesús de las Penas, mediante la rifa del boceto realizado y donado por el propio pintor, el ceramista Emilio Sánchez Palacios.
Dos símbolos que permanecen de manera inalterable a orillas de su fulgor para recordar al mundo entero que aquella noche Triana se convirtió en el cielo porque la más maravillosa estrella quiso brillar a ras de suelo entre el corazón de miles de fieles.





