El día en que Sevilla se convierte en marisma

Hay un día en el año en el que las calles de Sevilla parecen inundarse del aroma de la marisma de Doñana y la brisa acaricia la piel de un modo distinto. Es el día en el que da comienzo oficialmente la Navidad en los corazones de miles de sevillanos y al mismo tiempo es el día en el que culmina el denso calendario de Glorias de la ciudad de la Giralda.

Cada 22 de diciembre, por obra y gracia de la Hermandad del Rocío de Sevilla, las calles del entorno del Salvador se convierten en un pedacito de Doñana cuando la Virgen del Rocío a la que veneran los rocieros de Sevilla sale a protagonizar una impactante procesión que paulatinamente se ha convertido en una de las tradiciones sobrevenidas de la ciudad y de la Navidad hispalense. Será a partir de las 22 horas cuando la comitiva recorra un recoleto e intenso itinerario circunscrito a la Plaza del Divino Salvador, Cuna, Cerrajería, Sierpes, Sagasta, Plaza del Divino Salvador. La imagen quedará expuesta en Solemne Besamanos tras esta salida que es el comienzo de la Navidad en Sevilla.

Cabe recordar que la imagen es una réplica a tamaño natural de la Blanca Paloma, que ya existía en la parroquia, donde se exhibió como «facsímil» en la exposición mariana de 1929. Unos la adjudican a Castillo Lastrucci, otros a Sebastián Santos. Pero como se pudo comprobar al ser restaurada por el profesor Juan Manuel Miñarro, lleva en la espalda la firma de este segundo escultor, mientras que el Niño se mantiene más en la tónica lastrucciana. Posee ricos atributos, bordados y un templete procesional construido por orfebrería Villarreal, con el que realiza un corto recorrido por las calles del centro ciudadano en las vísperas navideñas.

Conocida oficialmente con el nombre «de Sevilla», pero también con el título abreviado de su parroquia, la Hermandad se aprobó por la autoridad eclesiástica el año 1933, aunque le fue denegado el permiso para efectuar la romería, el cual no fue otorgado hasta 1951. Como entonces carecía aún de carreta, utilizó durante su primera salida el palio o tumbilla de la Virgen de las Aguas. Con rápida progresión se afianzó entre las hermandades filiales, ocupando el puesto número 29. Se construyó una magnífica casa en la aldea rociera, se emprendieron obras de tipo benéfico-social (aspecto común a otras corporaciones romeras, que frecuentemente suele ser olvidado por sus detractores) y se desplegó una maravillosa e incansable actividad.