El Evangelio según Murillo

En el presente año de 2018, Sevilla conmemora el cuarto centenario del nacimiento del insigne pintor Bartolomé Esteban Murillo, uno de los exponentes más importantes del barroco español y del arte universal. Murillo debió de nacer en los últimos días de 1617, ya que fue bautizado en la Real Parroquia de Santa María Magdalena de Sevilla el 1 de enero de 1618. Era el menor de catorce hermanos y procedía de una familia relativamente acomodada.

Murillo desarrolló su obra bajo el reinado de Felipe IV, el Rey Planeta, y de Carlos II, el Hechizado; además, llegó a conocer hasta ocho pontificados de Roma. Coincidió en la Sevilla barroca con la plenitud del Dios de la Madera –Juan Martínez Montañés– y la carrera artística independiente de Juan de Mesa. Creció como pintor a la par que Pedro Roldán se forjaba en la escultura, conociendo en sus últimos años el nacimiento de nuevos artistas sevillanos como La Roldana, José Montes de Oca o Pedro Duque y Cornejo. Fue también en 1618 cuando su coetáneo Diego Rodríguez de Silva y Velázquez casó con Juana Pacheco, hija de su maestro, el pintor Francisco Pacheco. El Siglo de Oro español será compartido con Murillo por otros insignes artistas sevillanos como Francisco de Herrera el Viejo o Juan Valdés de Leal. Además, en 1660, Murillo, Francisco de Herrera el Mozo, Juan de Valdés Leal, Sebastián de Llanos y Valdés y otros insignes pintores y artistas fundan en la Casa Lonja de Sevilla una Escuela para la enseñanza de las Bellas Artes, que laboró apenas hasta fines del siglo XVII.

Formado en el naturalismo tardío, Bartolomé Esteban Murillo evolucionó hacia fórmulas propias del barroco pleno con una sensibilidad profunda que a veces anticipa el Rococó. Contó con un elevado número de discípulos y seguidores, cuya influencia se mantuvo durante todo el siglo XVIII. Su producción está formada principalmente por obras de carácter religioso, destinadas, sobre todo, a iglesias y conventos sevillanos. También cultivó la pintura de género de forma continuada e independiente. Murió el 3 de abril de 1682, a causa, según Antonio Palomino, de una caída del andamio cuando pintaba un lienzo para el altar mayor del Convento de los Capuchinos de Cádiz, sobreviniéndole la muerte días después.

Aunque Murillo es el gran creador de la iconografía de la Inmaculada Concepción de María, también salieron de sus pinceles obras que recogen momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. La gran mayoría corresponden a óleos sobre lienzos. Estas obras pasionistas sirvieron de influencia a gran parte de la imaginería de la Semana Santa andaluza, desde los artistas barrocos contemporáneos a Murillo, hasta los modernos del siglo XXI, pasando por el romántico siglo decimonónico. 

Atendiendo al orden cronológico, Murillo cuenta con dos cuadros titulados Cristo después de la Flagelación. El Krannert Art Museum de Champaign (EEUU) conserva una de estas excepcionales obras, que recogen el instante en que Cristo recoge sus vestiduras tras ser azotado. Por su parte, el Museum of Fine Arts de Boston alberga la otra versión de la escena, fechada hacia 1665. A diferencia del primero, en este cuadro aparecen en escena dos ángeles que presencian angustiados el momento.

Tres son las obras de Murillo que representan la iconografía del Ecce-Homo: “Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilatos les dijo: ¡He aquí el hombre!” (Juan, 19, 5). Uno de ellos fue subastado por Sothebys, considerado uno de los grandes ejemplares de esta escena en el arte universal. Catalogado hacia 1665, debió ser concebido como una pieza que formaría pareja con un lienzo que representa una Mater Dolorosa. Otra pintura del Ecce-Homo, fechado entre 1672 y 1678, se conserva en el Museo de Arte El Paso (EEUU). El tercer ejemplar se conserva en el Museo del Prado, fechado entre 1668 y 1670 y comprado por Carlos IV junto a su pareja, una Dolorosa, de similares proporciones. Todas estas obras parecen estar influenciadas por el estilo renacentista de Tiziano.

Hilando con esta cuestión, el Museo del Prado también conserva la mencionada pintura de la Virgen Dolorosa, pareja del Ecce-Homo que adquirió Carlos IV. También inspirada en Tiziano, esta obra permite imaginar la vestimenta de las Dolorosas de la Sevilla barroca, mantenida hoy en las imágenes secundarias de las Tres Marías en Semana Santa. Por otro lado, el Museo de Bellas Artes de Sevilla conserva una Dolorosa de cuerpo completo a modo de piedad, fechada en torno a 1665. Se trata de una de las obras más celebres del pintor, donde María, representada como una mujer madura, aparece con la mirada implorante hacia el cielo.

Varios son los crucificados que salieron de la paleta de Murillo. Uno de los dos ejemplares conservados en el Museo del Prado, ambos de hacia 1675-1677, se trata de una obra de oratorio, posiblemente inspirada en el Crucifijo de Van Dyck de la Iglesia de Dendermonde. Otro lienzo se conserva en el Museo Metropolitano de Nueva York (hacia 1665). Una iconografía más inédita se conserva en el Museo del Hermitage (Rusia), donde aparece María Magdalena arrodillada a los pies de la cruz, y aferrada a los pies de Cristo, junto a María y San Juan, fechado entre 1675 y 1682. Así la pintó también en un dibujo que fue subastado por la Sala Christies. Un cuarto lienzo de esta iconografía representa a Cristo vivo, con la mirada hacia el cielo, fechado en la década de 1660 y que se conserva en la actualidad en el Museo de Arte Timken (EEUU).

El Museo de Bellas Artes de Sevilla conserva un gran lienzo titulado Piedad (1668-1669), que procede del Convento de Capuchinos de Sevilla. Cristo aparece muerto en el regazo de María, que mira implorante al cielo, donde dos ángeles querubines sostienen la mano de Cristo y lloran su muerte.

Como no podría ser de otra manera, Murillo también concibió el milagro de la Resurrección de Cristo (1650-1660), donde el Mesías aparece sobre el sueño dormido de unos romanos. Expoliada durante la invasión francesa de la Capilla del Museo de Sevilla, se conserva en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Francisco Buiza se inspiró en este ejemplar para tallar en 1973 al Cristo Resucitado Triunfante de la hermandad de la Resurrección de Sevilla.