Ángel Carrero y Rafael Ramírez son ejemplo del compañerismo entre capataces
La jornada de este sábado será muy especial para la Córdoba cofrade. Ese día, el custodio procesionará por algunos de los enclaves históricos de la ciudad, y tanto al frente del paso de San Rafael como bajo sus trabajaderas, tendrá lugar la culminación de una historia muy especial, de esas que hablan por sí solas del compañerismo y la camaradería entre capataces.
Y es que la cuadrilla con la que Ángel Carrero sacará a San Rafael contará, entre sus costaleros ilustres, con el capataz del misterio de la Sangre y del Cristo de la Buena Muerte, Rafael Ramírez Galvín, popularmente conocido como Toreri.
Con su participación como costalero se completará un ciclo, que tuvo su inicio en la Madrugada del pasado Viernes Santo, cuando Carrero y su equipo de auxiliares se pusieron a las órdenes de Ramírez bajo las trabajaderas del crucificado de Antonio Castillo Lastrucci.
“Un descubrimiento”
El propio Carrero desvelaba en una entrevista a este medio que “el Jueves Santo encerramos la Caridad y nos fuimos a Buena Muerte, prácticamente todo mi equipo y algún que otro costalero más, a las órdenes de Rafa Ramírez, Toreri, que vaya tío de categoría, vaya capataz como la copa de un pino”.
En ese sentido, no dudaba en resaltar que, “para mí ha sido un descubrimiento no solo como capataz, sino también a nivel personal”. Y apuntaba que “se ha encontrado creo que una salida también muy complicada, porque hubo ciertas modificaciones en el paso, que se pudieron probar poco, por lo de antes, por temas de lluvia, y la verdad es que yo creo que es un capataz de garantías y disfrutamos mucho”.
Nervios
En el transcurso de otra entrevista a Gente de Paz, que verá la luz este sábado, el propio Ramírez revelaba que él hará como Carrero y formará parte de la cuadrilla de San Rafael. El capataz se presentó a la misma sin que Carrero lo supiera de antemano y confesaba que para él supuso una alegría entrar, ya que llevaba varios años sin salir de costalero.
En este sentido, Ramírez reconocía sentir ciertos nervios, propios de la ilusión que le hace salir a las órdenes de Carrero y ser los pies del custodio de la ciudad.





