Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

El más bello gesto

Cada vez que el nazareno que te precede levanta su cirio, sabes que no te queda otro remedio que emprender de nuevo tu camino. Aunque te falten las ganas, aunque te abandone el ánimo. Seguir caminando, seguir adelante.

Hoy no se presenta una chicotá fácil, como tantas chicotás nos encontramos a lo largo de nuestra procesión. No siempre el camino es llano. Hay ocasiones en las que las calles nos vienen largas y cuesta arriba. Y ésta es una de esas chicotás.

Hace unas semanas tuve la ocasión de tener conocimiento de uno de los gestos más emotivos, bonitos y significativos que haya podido presenciar en mi vida de cofrade, vida que ya va camino de las bodas de oro. Por lo que no soy nuevo en este mundo, en un mundo que no deja de sorprenderme, las más de las veces de manera negativa, pero aún quedan algunas veces que me hacen mantener la fe y la ilusión en los cofrades.

Fue a principios de este mes cuando pudimos ver una cinta de tela, con un mensaje de fuerza, de ánimo, de vida, en la muñeca de una de las Dolorosas más bellas de nuestra ciudad. En ese momento se me llenó el pecho de orgullo ante el acto tan generoso y tan sencillo de la Hermandad de la Soledad, al colocar la pulsera que representaba la lucha de una guerrera tan joven como Valeria en la mano de la hebrea más guapa de Córdoba.

Un acto de fe, un acto de sencillez, un acto de generosidad. Acostumbrados como estamos a presenciar y admirar las más costosas y valiosas joyas de oro y piedras preciosas en nuestras Vírgenes, reflejo de la devoción y de las ganas de aumentar el patrimonio material de nuestras Dolorosas, a través de donaciones familiares o personales, el poder ver una simple cinta de tela adornando no la mano de la Soledad, sino su Corazón, hizo que a muchos cofrades se nos abrieran los ojos a una realidad de fe a la que no estamos acostumbrados. Y todo con un gesto simple y sencillo. Un gesto que acercó a la Madre de Dios a sus hijos. Un gesto que hizo que los hijos de Dios nos sintiéramos más cerca de Nuestra Madre.

Las coincidencias no existen tanto como creemos. Y en estos días he comenzado a leer la última obra de mi amigo el jesuita Daniel Cuesta Gómez, su libro «Luces y sombras de la religiosidad popular». Obra que ya en sus primeras páginas te abraza y atrapa al presentarnos ideas sobre los conceptos de religiosidad popular y de piedad popular.

Pero comienza su libro con el pasaje evangélico de la hemorroísa (Marcos 5, 24-35). Si recordamos lo que nos dice el evangelista, una mujer que sufría hemorragias desde hacía muchos años, con ninguna esperanza ya en sanar a través de los médicos, oyó hablar de Jesús, quien estaba en un momento de tumulto rodeado por quienes le seguían. Pero esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y tocó su manto, con la fe en que si tocaba su manto o sus vestiduras, quedaría sanada. Y así fue. Momento en el que Jesús se volvió a quienes le rodeaban preguntando por quién le había tocado, al sentir la fuerza que había salido de Él. La mujer, asustada y temblorosa, se postró ante Él contándole la verdad. Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu mal».

Al leer estas páginas no pude sino pensar en los padres de Valeria, quienes vieron la posiblidad de sanar a su pequeña guerrera con el gesto de que fuese la Virgen de la Soledad la que tocase la pulsera que tanto ha significado en esta lucha. Un acto de fe y de confianza en el poder de Dios a través de su Bendita Mediadora.

Y así se ha cumplido, pues Valeria ya disfruta de la presencia eterna de la Madre y de Dios, sanada para siempre, y velando por sus padres desde la Gloria.

Ahora sólo queda desearle a estos padres la misma fuerza que le transmitían tantos y tantos a la pequeña guerrera. Ahora deben ser ellos los grandes guerreros y recibir todo el apoyo y la fuerza.

GUERRERA, PIDE POR TODOS NOSOTROS. FUERZA, VALERIA.

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