El misterio del último prodigio que Cristo obró antes de ser crucificado

El Grupo de Fieles de Nuestro Padre Jesús del Consuelo y María Santísima del Rosario y Esperanza, integrada en la Parroquia de la Ascensión del Señor de la popular barriada de Sevilla Este, presentó hace unos días la figura que acompañará a su titular cristífero en el paso procesional durante la estación de penitencia. Aunque la salida de esta asociación estaba prevista el pasado sábado, día 3 de marzo, la lluvia hizo acto de presencia en la capital hispalense y no permitió tan grandioso estreno.

La nueva talla, presentada el pasado 1 de marzo en el oratorio de la asociación, sita en calle Ciclismo 45, es obra del imaginero Juan Manuel Montaño, licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. La imagen representa a Malco, un supuesto sirviente del Sumo Sacerdote Caifás, que colaboró con el arresto de Jesús en Getsemaní. El Evangelio de Juan (18, 10-11) explica que, durante la acción, «Simón Pedro, que tenía espada, la sacó e hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber?».  Por tanto, ha salido de la gubia de este joven escultor sin oreja derecha, de cuyo corte emana un chorreón de sangre, del que incluso se empapa la mano del arrogante sirviente.

La historia es relatada en los cuatro evangelios, pero Malco sólo es nombrado por su nombre en el de Juan. Sin embargo, sólo Lucas (22, 48-50) habla del milagro que Cristo obró en aquel momento: «Jesús le dijo: «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?». Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron: «Señor, ¿herimos con la espada?». Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo: «Dejadlo, basta». Y, tocándole la oreja, lo curó«.

«Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: «Envaina la espada: que todos los que empuñan espada, a espada morirán». Así lo narra el Evangelio de Mateo (26, 51-54). San Marcos (14, 47) es más breve: «Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja».

Se trata, por tanto, del único paso procesional en el se puede observar un milagro de Jesús de Nazaret. Una estampa inédita que los sevillanos fueron privados de observar hace unos días por culpa de la eterna enemiga de las cofradías. Algo similar se escuchó hace unos meses cuando saltó a la palestra la idea de crear pasos de misterios que recojan momentos acaecidos durante el tiempo pascual hasta el Domingo de Pentecostés. Pero, lejos de aquella concepción, Consuelo y Esperanza de Sevilla Este ha ido más allá al adelantarse a este movimiento, representando el que posiblemente sea el último prodigio que Cristo obró antes de ser crucificado.

Original, fresco, curioso, imponente, sobrecogedor. Parece que las hermandades ¿piratas? o de los barrios más alejados de La Campana son capaces de sorprender y atraer a los cofrades sevillanos. Pero no se está valorando. No se puede pedir más, por el simple hecho de que incluso las Vísperas aún a día de hoy luchan por ocupar el sitio que tanto merecen en la Semana Santa de Sevilla.

No sólo el Señor del Consuelo contó con este estreno. La novedad también se extiende a un nuevo juego de potencias  bañadas en plata y una nueva túnica blanca, así como unas dalmáticas para los acólitos del paso de Cristo. La Virgen del Rosario y Esperanza, por su parte, lucía sobre sus sienes una nueva presea de plata sobredorada. Sin embargo, todos estos estrenos esperan ya la venida de una nueva Cuaresma. En 2019, Sevilla, no sólo Este, contemplará atónita el nuevo misterio del milagro de Jesús.