Advertisements
Córdoba, El Rincón de la Memoria

José Antonio Infantes Florido, el obispo de las cofradías

Se cumplen trece años de su fallecimiento, el 6 de noviembre de 2005.

Se cumplen trece años del fallecimiento, el 6 de noviembre de 2005, en su domicilio familiar en Gelves, de José Antonio Infantes Florido, el obispo de las cofradías, Un hombre profundamente vinculado al movimiento cofrade de la ciudad de Córdoba, ampliamente identificado con su esencia y recordado con gran cariño por buena parte de los cofrades que con él convivieron aquellas dos décadas durante las que se prolongaron su estancia al frente de la iglesia de Córdoba.

Nacido en Almadén de la Plata (Sevilla) el 24 de enero de 1920, ingresó en el Seminario Metropolitano Hispalense donde estudió Filosofía y Teología, siendo ordenado Presbítero el 19 de mayo de 1951. Se doctoró en Derecho Civil por la Universidad de Sevilla y en Derecho Canónico por la Universidad Gregoriana de Roma. En la Diócesis hispalense desempeñó varios cargos pastorales y fue párroco de la Iglesia Colegial del Salvador, como décadas antes ocurriera con otro personaje icónico para el movimiento cofrade Juan Francisco Muñoz y Pabón.

Fue consagrado Obispo de Gran Canaria el 21 de septiembre de 1967 donde fue un pionero del Movimiento Ecuménico en España, consciente de la trascendencia del turismo en las islas, en gran parte procedente de países nórdicos no católicos, fomentó el diálogo con los hermanos separados y la Semana de Oración por la Unidad y levantó el Templo Ecuménico de la Playa del Inglés, en el Sur de Gran Canaria, sin duda su obra emblemática, que fue inaugurado en 1971. Precisamente por su contribución al ecumenismo, fue reconocido con la Cruz de Oro del Monte Athos, concedida por el Patriarca ortodoxo de Constantinopla Atenágoras.

El 25 de mayo de 1978 tomó posesión de la Diócesis de Córdoba, para revolucionar la ciudad. En la ciudad de San Rafael promovió intensamente las vocaciones sacerdotales, reabrió los Seminarios Mayor y Menor de San Pelagio. Asimismo realizó continuas visitas pastorales, creó nuevas parroquias y edificó nuevos templos como los de Santa Beatriz de Silva en la urbanización Azahara o Nuestra Señora de la Aurora, en la barriada de Fátima, San Luisa de Marillac, en el Polígono del Guadalquivir y la parroquia del Inmaculado Corazón de María, en la urbanización Miralbaida. Creó e inauguró la Casa Sacerdotal “Medina y Corella”; el Museo Diocesano de Bellas Artes de Córdoba.

Fue Presidente de la Comisión de Relaciones Interconfesionales en la Conferencia Episcopal Española (dos trienios) y Delegado Episcopal para el Patrimonio Cultural de los Obispos del Sur y en 1996 presentó su renuncia como Obispo diocesano. Fundó el periódico de información religiosa «Iglesia en Andalucía» y fue colaborador en el diario ABC de Sevilla y Diario Córdoba. Entre sus libros publicados destacan: sus estudios sobre el Obispo Tavira y Almazán, prelado de las Canarias en el siglo XVIII: El diario de Tavira (1998) y El Obispo Tavira y la Ilustración (1997), 25 años de pastoral (1992), Meditaciones de Teología Bíblica Cofrade (2004) y La Iglesia en el día a día (2005). Está enterrado en la Catedral de Córdoba, en una tumba en la que figura el lema “Donec occuramos omnes in unitatem fidei”, un perfecto resumen de su labor pastoral

Su influencia en las cofradías resultó incuestionable. Basta para contrastarlo, el número de hermandades que fueron erigidas canónicamente durante su mandato, así como el evidente incremento de la actividad, incluidos los cultos externos, desarrollada en las ya existentes cuando “el obispo José Antonio” se hizo cargo de la silla de Osio. Su presencia en los múltiples actos que las hermandades desarrollaban a lo largo del curso cofrade, algo habitual en nuestros días y no tanto hasta que él llegó a Córdoba, se multiplicó de manera exponencial hasta que renunció a su báculo. Un compromiso cofrade que quedó patente en el famoso artículo, firmado por Infantes Florido en El Correo de Andalucía el 1 de junio de 1984, víspera del acontecimiento, en el que bajo el título “Coronar a la Esperanza”, expresaba en voz alta su visión sobre el auténtico trasfondo que debía encerrar la coronación canónica de la Esperanza de Triana.

Muestra de ese interés para con las cofradías es su presencia en el retiro espiritual que organizaba la Agrupación de Hermandades y Cofradías en los que siempre buscó potenciar la dimensión cristiana de los cofrades, o el gran número de coronaciones canónicas que se produjeron mientras que fue obispo, culminada por la de la Virgen de la Fuensanta, pero que tuvo previamente episodios esenciales con las de Nuestra Señora de las Angustias y la Virgen del Rosario, en la capital, o las de la Estrella de Villa del Río o la de la Salud de Castro, entre otras, lo que evidencia, al mismo tiempo, su profunda devoción mariana, demostrada cada Viernes de Dolores cuando rendía puntual visita a la Virgen de los Dolores y a la Paz y Esperanza.

Su semblanza y su carisma, permanecen inalterables en el espíritu cofrade de una ciudad que tal vez aún le deba un reconocimiento expreso a una de las figuras esenciales, junto con la de Adolfo Pérez Muñoz, del desarrollo de las cofradías cordobesas del siglo XX.

Advertisements

Suscríbete

Introduce tu correo electrónico para recibir todas las novedades. 


Powered by WordPress Popup

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para más información. ACEPTAR
Aviso de cookies
A %d blogueros les gusta esto: