Los costaleros profesionales venían de los llamados faeneros y procedían de empresas grandes como Carbonell o de lugares de carga y descarga. Concretamente los de Sáez eran fundamentalmente de las lonjas y los de Rafael Muñoz la mayor parte de los cargadores de Renfe. Los había también de la construcción y de otros menesteres, pero siempre “faeneros”, peones de trabajo duro y con necesidades económicas evidentes.
Las cuadrillas de costaleros constituían uno de los gastos mayores que debían afrontar aquellas cofradías que optaban por mantener sus pasos a hombros. Los últimos años en que trabajaron éstos se produjeron unas subidas considerables que pasaron de 300 o 350 pesetas por costalero a mediados de los años 60 hasta tener un sueldo entre 1500 y 2000 pesetas cada día de salida a mediados de los 70. Ello implicaba que con 30 costaleros, un contraguía y un capataz (que cobraba el doble) la cosa podía ascender a 67.000 pesetas de la época, por cada paso. Esto nos lleva a considerar que a pesar de ser un trabajo duro, estaba bien pagado y de ahí que no faltaran nunca aspirantes a entrar a formar parte de una cuadrilla.
Recuerdo que en el año 73 con lo que gané aquella Semana Santa como contraguía casi me dió para pagar el vespino que me compré. Un dato que nos puede dar una idea del valor de lo que llegaba a ganar un costalero que trabajaba toda la semana.
Cuando se decide que los hermanos costaleros saquen el primer paso (el de la Expiración) en el año 75, los costaleros profesionales se hacen conscientes de que la mitad de la cuadrilla perdía un día de trabajo y reivindican el pago de una compensación con la amenaza de no acudir a las citas posteriores al Martes Santo que era entonces el día de salida de esta Cofradía. Concretamente y según me contaba mi padre, era la demanda de 500 pesetas por puesto perdido. La respuesta lógica de la hermandad fue negarse a ello. Todo quedó en el amago y con la suerte de poder dar una compensación de trabajo para algunos costaleros que se les mandaba a la Hermandad de Jesús Nazareno, que salía ese mismo día, para llevar sus pasos a ruedas.
El mismo año 75 el interés de algunos cofrades responsables de hermandades y la constante preocupación profesional de Rafael Muñoz provocó la mejora del trabajo del costalero para llevarlo a una mejor estética y perfeccionamiento de la manera de portar nuestros pasos y con este propósito Rafael convoca a los profesionales para probar el uso del costal. Un intento que fracasó ante la negativa de aquellos faeneros de adoptar ese uso y dejar la manta como herramienta de trabajo. Es más, ni siquiera recuerdo que llegaran a usar la faja habitualmente como elemento de protección y ayuda al trabajo.
Plantón a la Reina de los Mártires
En el año 76 se suman otras cofradías con pasos llevados por hermanos costaleros como la Esperanza y el Santo Sepulcro. En el 77 siguen incorporándose hermandades y sumando pasos a la revolución del costal. Tanto para nuestra cuadrilla como para la de Antonio Sáez y sus hijos aquella revolución de los costaleros hermanos supone que se van perdiendo hermandades que paguen cuadrillas, con lo que se reduce considerablemente el trabajo de costalero profesional.
El Jueves Santo de 1978, si la memoria no me falla, la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y la Reina de los Mártires sufrió el final de la cuadrilla de Costaleros de Rafael Muñoz como resultado de la última reivindicación. A la hora de salida los costaleros del palio hacen una sentada en el exterior de la iglesia frente a la puerta principal del Gran Teatro para pedir una bonificación por los días de trabajo perdidos.
El hermano mayor respaldado por su junta de gobierno se niegan a tal petición, a pesar de que estaba en sus previsiones dar una gratificación extra como solía hacer esa corporación todos los años. La mayoría de costaleros deciden no salir y unos pocos dicen estar dispuestos a hacer su trabajo. Ante esta situación Rafael Muñoz concierta con la corporación la no salida del palio de Ntra. Sra. Reina de los Mártires.
La noticia corre por Córdoba y por el mundo cofrade rápidamente y se presentan a ayudar algunos costaleros hermanos que en días anteriores no habían podido salir por lluvia. Cuando llega la hora con un número de costaleros al parecer suficientes, entre jóvenes voluntarios y algunos profesionales, se consigue sacar el paso a la plaza pero ante la falta de fuerza con un paso especialmente pesado y la poca seguridad de hacerlo con las garantías necesarias, se decidió volver a entrar e hizo estación de penitencia solo el Cristo.
Aquel día terminaron los profesionales de Rafael Muñoz. Todas las cofradías fueron completando sus cuadrillas de hermanos costaleros, en cierto modo gracias a la solidaridad de costaleros y hermandades que no les importaban compartir cuadrillas y los costaleros iban de una a otra sin pesarles el esfuerzo que suponían tantos ensayos y trabajo en Semana Santa.
Las hermandades que llevaban ruedas en sus pasos, tarde o temprano, se sumaron al movimiento de hermanos costaleros y algunas se apoyaron en iniciativas como la cuadrilla semiprofesional del Císter que surge como modo de financiación de su propia hermandad y ayuda a algunas cofradías a sacar sus pasos. Es curioso recordar como esta cuadrilla mandada por Fernando Morillo sacó durante unos años otras hermandades cobrando unas cantidades bajas que destinaban a su cofradía entonces en formación.
Una de las que sacó fue el Palio de la Encarnación el año que se estrenan en Córdoba las costaleras. Éstas llevan el paso desde la Salida en el Cerro hasta la Calahorra y allí toma el relevo la cuadrilla de Fernando Morillo para completar el recorrido. Era ya el año 1985.
Algunos coletazos quedarían después del que se ha conocido como el plantón de los profesionales, ya que la última cuadrilla de profesionales en portar un paso fue el año 81, la Cuadrilla de Rafael Sáez como Capataz del Señor del Huerto, que había sacado este paso desde su refundación en el año 1976.





