Andalucía, El Capirote, 💙 Opinión

El ombligo del mundo

Un punto a favor de las procesiones extraordinarias es que uno puede presenciarlas al no coincidir con la Semana Santa. Entonces, si nuestras ocupaciones nos lo permiten, nos lanzamos a conocer cómo se vive la gran celebración de religiosidad popular que desde Andalucía mostramos al resto del mundo. Compartimos la misma pasión pero descubrimos cómo se manifiesta en otras ciudades. Cuáles son sus imágenes, quiénes los artífices más destacados en el mundo del bordado o la imaginería. Pero también escuchamos otras marchas y pasamos por calles que de otro modo no habríamos conocido.

Cuando se parte hacia estos lugares uno acude con una curiosidad inusitada. Porque aunque conozca más o menos el universo cofrade de la ciudad que señaló en el mapa siempre hallará nuevas historias escondidas en detalles. Y buscará fechas, indagará en su pasado y se percatará en viejas fotografías de los enseres perdidos.

Quienes acuden a las procesiones magnas acaban también comprendiendo cómo es otra Semana Santa. Distinta a la nuestra pero también cargada de historia y tradición. Entonces surgen nombres propios, épocas con sus luces y sombras, arquitecturas asombrosas y plazas recoletas. Y también los que van de listos.

Porque en cada procesión que se precie aparece el típico que se cree con derecho a opinar pero con la finalidad de hacer destacar su criterio por encima de los demás. Y antes podríamos sufrirlo en nuestro grupo de amigos y cuando llegabas a casa le perdías de vista hasta el próximo amanecer o la próxima salida procesional. Ahora están en whatsapp o en las redes sociales. Y cuando los lees te das cuenta de que su ego les impide disfrutar plenamente de lo que sus ojos contemplan, pues estos se orientan a examinar algún dato que sin esperarlo revela su ignorancia. Y así sentirse escuchados, leídos. Y ello da alas para seguir volando. ¿Qué hacemos sino cuando nos creemos que lo que se hace aquí es lo que debe hacerse en cualquier parte del mundo? ¿Acaso no caemos en la cuenta de que cada Semana Santa va ligada a la historia de su ciudad y sus circunstancias moldean la idiosincrasia de esta? ¿Qué nombre recibiría aquel que pretende imponer su visión –sin caer en la cuenta de que sale del cortijo– allá por donde pasa?

Un clamoroso ejemplo lo hallamos en la lectura de tweets que a modo de sentencia han ido publicando ciertos especímenes sobre la procesión magna con motivo del centenario de la Agrupación de cofradías de Málaga. Algunos autores más conocidos que otros pero igualmente inoportunos. «Esto no es así», «aquello debe hacerse de este modo», «esto en mi tierra no pasaría». Y son fácilmente identificables porque en ninguno de los publicados se pone en valor la calidad y la riqueza que atesora, y que viene a engrandecer nuestra Semana Santa, tan múltiple y diversa como pueblos en los que se vive. Si esto es una verdad universal y no la entienden, para la próxima quédense en sus casas.

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