El pontífice, que ha participado en actos del Jubileo de las Iglesias Orientales y ha recibido al prelado del Opus Dei y al tenista Jannik Sinner, ha evitado encontrarse con las imágenes andaluzas más esperadas del Jubileo de las Cofradías
La estancia en Roma de las imágenes del Cristo de la Expiración, de Sevilla, y de la Virgen de la Esperanza, de Málaga, ha estado marcada por la ausencia significativa del Papa León XIV, quien no ha dedicado ni un instante de su agenda oficial a visitar las veneradas tallas, expuestas en la Basílica de San Pedro desde hace dos días y medio con motivo del Jubileo de las Cofradías.
Pese a las voces, la del arzobispo de Sevilla entre ellas, que han subrayado en los últimos meses la supuesta cercanía del nuevo Pontífice con las manifestaciones de la religiosidad popular, León XIV ha optado por centrar sus apariciones públicas en otros compromisos, como la audiencia al prelado del Opus Dei o al tenista Jannik Sinner o su presencia activa en los actos del Jubileo de las Iglesias Orientales, celebrado el pasado miércoles.

Mientras tanto, miles de fieles andaluces que se han desplazado hasta la Ciudad Eterna con la esperanza de ver al Santo Padre mostrar un gesto de reconocimiento hacia estas dos emblemáticas devociones se han quedado sin ese esperado encuentro. La posibilidad de que el Papa acuda a la procesión extraordinaria de este sábado aún permanece en el aire, pero lo que ya es seguro es que no estará presente el domingo ante el Cachorro ni la Esperanza, tras la decisión de la Santa Sede de excluir ambas imágenes, y cualquier otra, de la Misa de inicio de pontificado que se celebrará en la Plaza de San Pedro.
En los mentideros cofrades no han faltado comparaciones con el comportamiento de su predecesor, Francisco, cuya sensibilidad hacia la piedad popular fue sobradamente conocida. Sin embargo, cualquier conjetura al respecto no deja de ser una hipótesis dentro de un mar de especulaciones.
A medida que el pontificado de León XIV comience a desarrollarse en plenitud, no cabe duda de que se multiplicarán las invitaciones procedentes de numerosos enclaves del mundo ligados íntimamente a la religiosidad popular, algunos de ellos en Andalucía, donde esta clase de fervor constituye la manifestación más viva de la fe católica -en realidad, prácticamente la única-, llenando iglesias que estarían vacías si esta religiosidad popular no existiera. Sin embargo, el precedente que deja esta primera gran oportunidad desaprovechada en Roma resulta poco esperanzador y, para muchos fieles, profundamente desilusionante, al proyectar la imagen de un Pontífice distante de unas realidades eclesiales que, lejos de lo folclórico, han demostrado ser canales fecundos de evangelización y comunión.

Lo incuestionable, a día de hoy, es que el nuevo pontífice ha desaprovechado una ocasión única para visibilizar su interés por el fervor popular, en un momento en que la Iglesia busca precisamente revitalizar su conexión con las expresiones más sentidas de la fe de los pueblos. Para muchos, este silencio simbólico, este llamativo desinterés, ha sido más elocuente que cualquier discurso.





