El paso de Nuestro Padre Jesús de las Penas a través del tiempo

No tendría sentido negar la gran personalidad y la fama que la Hermandad de la Esperanza ha llegado a alcanzar en la ciudad de Córdoba a lo largo de los años, popularizándose con el sobrenombre de “los gitanos” – como actualmente muchos denominan a los titulares de la corporación de San Andrés – en un guiño a los orígenes de la cofradía nacida en Santa Marina, cuando esta se constituía en torno a la célebre imagen que hubo de pasar a la historia dada la imposibilidad de que la hermandad la adquiriese para sí, ya que era propiedad de uno de los miembros de la familia Rodríguez Correa: Rafael Rodríguez Ortega.

En aquellos momentos, la imagen llegó a gozar de una gran devoción que se extendió de manera especial entre el colectivo gitano, motivando que una gran cantidad de los primeros hermanos de la corporación fuesen asimismo calés. Inevitablemente, este hecho terminó reflejándose en el nombre con el que se terminó por ser conocida la hermandad prolongándose incluso hasta nuestros días.

Fotografía La Gente de Manué

Aunque fue la advocación de la Santísima Virgen la que dio su nombre a la cofradía y acabó por atraer hacía así las miradas de los fieles hasta suscitar toda clase de elogios, no cabe duda de que la imagen de Nuestro Padre Jesús de las Penas llegó a la entonces joven hermandad para hacerse su propio hueco en el corazón de los hermanos y devotos. La historia del titular comenzaba con el encargo al imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo para poner en sus manos la ejecución de la talla del Señor en el mes de noviembre de 1953. Tras esa petición, los anhelos de la corporación se veían realizados con la ceremonia de bendición de Jesús de las Penas en la fecha del 27 de marzo de 1954, celebrada en el incomparable escenario de la Parroquia de Santa Marina y con la inestimable compañía del torero Manuel Calero, conocido como “Calerito”, que fue padrino del inolvidable acto, como cabe deducir por la conocida fotografía que acompaña estas líneas.

Tras su llegada a la Hermandad de la Esperanza, Nuestro Padre Jesús de las Penas sería por primera vez portado en un paso prestado por parte de la Hermandad de la Expiración en 1958. Lejos de ser una salida procesional corriente, esta se producía con motivo del rodaje de la película titulada “Soledad”, generando unos ingresos que posibilitaron la elaboración de su propio paso y despertando la admiración de quienes fueron testigos de un acontecimiento de estas características, dándose a conocer a través del tiempo con declaraciones como la de José Gómez, que afirmaba que la imagen impactó a los cineastas y apareció en la película en un paso que nos prestó la Hermandad de la Expiración. Con el dinero recaudado Juan le hizo el paso. Se hablaba en aquella época que había sido la única imagen que había salido a la calle para trabajarse su paso […].

Así se costearía en 1959 el célebre paso de guadamecíes combinados con la esencial madera que Martínez Cerrillo talló para el titular cristífero de la Esperanza, tan recordado por la Córdoba Cofrade a pesar del paso de los años. Un paso que la Hermandad ha mantenido hasta ahora custodiado en el Convento de Santa Isabel y que ahora, a consecuencia del cierre del recinto, deberá trasladarse a la casa hermandad de la calle Escañuela. Eran muchos los detalles que hacían de este paso una obra singular e irrepetible, carente de respiraderos y realizada a base de tablas de madera recubiertas con los mencionados guadamecíes, policromados y con distintas representaciones. Quedaba el característico paso completado con los faldones rojos y los, en ocasiones, aún presentes ángeles, sujetando los inimitables faroles, ubicados a sendos lados de la peana sobre la que se alzaba Jesús de las Penas. Rodeado de esa particular belleza, era inmortalizada la emotiva imagen del bujalanceño durante la década de los 80, en la que cabe destacar no solo su antiguo paso o la ausencia del misterio que actualmente lo acompaña, sino también las inconfundibles potencias que en aquella jornada del Domingo de Ramos lucía el titular de la Esperanza, pues como podrán comprobar, se trata de las mismas con las que acostumbramos a ver a Nuestro Padre Jesús del Buen Suceso, con quien comparte sede.

La década de los 90 supondría para la cofradía ya instalada en San Andrés una época de renovación que pasaba por la sustitución del paso de Cerrillo en pro de uno de nueva factura – de estilo neobarroco y diseñado por Antonio Díaz Fernández – solicitado en 1989, cuyo costo fue de 4.300.000 pesetas pasar ser estrenado tan solo un año más tarde.

Con el considerable espacio que ofrecía esta excepcional pieza, cabía aguardar la incorporación del magnífico misterio elaborado por un omnipresente Antonio Bernal, que desde 1993 se dispondría en torno del hasta entonces solitario Jesús de las Penas para desembocar en un conjunto de perfecta coherencia y conexión entre las figuras que lo conforman y en las que es obligado detenerse a analizar a los dos esclavos de evidentes rasgos gitanos con los que la Hermandad de la Esperanza se retrotrajo a sus orígenes y sus lazos con el colectivo calé.

La estudiada escena sería aprobada en un Cabildo General de Hermanos el 24 de noviembre de 1991, fomentando la participación de la entonces Junta de Gobierno de la corporación, cuyos miembros no dudaron en disponerse tal y como lo hicieran más tarde las imágenes integrantes del misterio a fin de observar el efecto, como podemos comprobar por la instantánea en la que también llaman la atención la presencia de María Santísima de la Esperanza y Nuestra Señora de la Salud y Consuelo, obra también de Martínez Cerrillo que permaneciese en la Parroquia de San Andrés hasta su reciente marcha para pasar a ser la titular mariana de la joven Hermandad de la Conversión.