Como era de esperar ha vuelto a suceder. El activista antidesahucios Antonio Manuel Rodríguez ha utilizado el pregón de la Velá de la Virgen de la Fuensanta, al que sí acudió Isabel Ambrosio, la alcaldesa de algunos cordobeses, no de los cofrades y de los católicos que volvieron a sufrir su desprecio en forma de ausencia en la procesión de la Co-patrona de Córdoba, para perpetrar un mitin político en el que ha utilizado un altavoz del que no dispone el resto del año para atacar a la Iglesia Católica y por extensión a todos los católicos que la integran, porque Iglesia somos todos los que formamos parte de ella, no solamente la alta jerarquía, por más que desde determinados sectores extremistas se pretenda sistemáticamente distinguir entre ambos.
Tras regalar al auditorio frases impagables como que «la memoria es el caimán y las campanitas de barro», el pregonero enfatizó que «la plaza no es de nadie porque nos pertenece a todos y todas«, no podía faltar el absurdo e impuesto desglose lingüístico, en un claro alegato contra la inmatriculacion realizada en 1987 del recinto por parte de la Iglesia como parte de la finca de 4460 metros cuadrados que alberga la Iglesia, la casa del párroco, los jardines y el pocito, que siempre ha sido considerada un todo unitario hasta que la extrema izquierda decidió obviar la legislación vigente.
Además, con un discurso elaborado bajo una apariencia ficticia de presunta defensa de la unidad, «Córdoba une», y tras mencionar de pasado a la Virgen y a San Rafael, eso sí reduciéndolos a meros «símbolos populares», volvió a atacar a los católicos que denominan Catedral a «nuestra Mezquita» a la que «desprecian hasta el extremo de quererle quitar su nombre» . imaginamos que como desprecian a la Virgen aquellos que la excluyen de toda la simbología de la fiesta – arrogándose la voz del pueblo al asegurar que «por eso el pueblo acepta que la Mezquita contenga una Catedral«, cayendo en el más burdo maniqueismo distinguiendo a la sociedad cordobesa entre el pueblo que lo acepta y los católicos que desprecian al resto y separando entre buenos y malos, entre pueblo y ciudadanos de segunda, esa Córdoba unida que acababa de exaltar.
Habrá todavía quien se pregunté por qué la Velá cada año interesa a menos gente, ahí están las cifras de asistencia en caída libre de una fiesta que llegó a ser la Feria de Septiembre y se ha terminado convirtiendo una verbena estival de barrio más, y por qué parte importante de la ciudadanía cordobesa siente que esta fiesta política, rancia, anticlerical y comunista, nada tiene que ver con ella. Hace años que la Velá, por obra y gracia de los sectores más recalcitrantes de la ciudad, los mismos que afirman en un titular que «El pregón del profesor Antonio Manuel Rodríguez abre la Velá de la Fuensanta, cuando la Velá la abre la procesión de la Virgen, dejó de ser una fiesta de todos los cordobeses para convertirse en la celebración exclusiva y excluyente de la extrema izquierda. Sea como fuere, visto lo visto pocas ganas hay de desandar este camino de división.





