Guadalupe, madre de Extremadura

En el almanaque de cada extremeño hay fechas que no pueden pasar desapercibidas. Descontar las lunas del calendario hasta que llegue el día de la natividad de María es algo que no se aprende con el tiempo sino que se nace con ello, en esta tierra cuna de grandes conquistadores. En Guadalupe, un pequeño pueblo que no llega a los dos mil habitantes, se encuentra una imagen que desde finales de la década de los 30 recibió el título de Reina de la Hispanidad.

El monasterio de Guadalupe, patrimonio de la humanidad desde 1993, ha sido ejemplo de importantes capítulos de la historia de España. La mezcla de estilos que va desde el gótico hasta el neoclásico, pasando por el mudéjar, renacentista y barroco, dan buena cuenta de ello. La fe tampoco ha pasado desapercibida desde el siglo XIII y así es como, mediante reformas, nuevas estancias y varias modificaciones, se ha mantenido en pie la casa donde habita la patrona de Extremadura. Cuenta la leyenda que la imagen fue escondida junto con varias reliquias en el siglo VIII. A finales del XIII, un pastor, Gil Cordero, se encontraba con su ganado cerca del río Guadalupe. Al percatarse de que se le había perdido una res, comenzó a buscarla, hallándola al tercer día, muerta. El pastor intentó desollarla haciéndole la señal de la cruz en el pecho, pero la vaca se levantó, comenzando a andar. Al unísono, una voz celestial le indicó que allí se encontraba una imagen de la Virgen y pidió que se levantase una capilla para darle culto. Al llegar a su casa, el pastor encontró a su hijo muerto y bastó una invocación a la Señora para que este volviese a la vida. La madre de Dios había hecho acto de presencia por segunda vez.

Las leyendas han continuado a lo largo de los siglos, siendo estas las más conocidas. Se sabe que el rey Alfonso XI visita el lugar a mediados del siglo XIV y que también pasaron por allí monarcas como Juan I o Isabel la Católica. También escritores como Cervantes, Góngora o Lope de Vega, quienes se acercaron a orar ante esta imagen, tallada en madera de cedro del Líbano, policromada en el siglo XII. Una talla a la que estos conocieron ya vestida y ataviada con corona y cetro, atuendo que se le impuso desde el siglo XIV. Además de ostentar el título de patrona de Extremadura, concedido en 1907, otro de los grandes momentos se vivió en 1928 cuando, por petición de Alfonso XIII, la imagen fue coronada como “Reina de las Españas o de la Hispanidad”.

La devoción extremeña fue llevada al nuevo mundo por los primeros evangelizadores. Sin embargo, la imagen de la Virgen de Guadalupe de México muestra una iconografía muy distinta de la que se encuentra en el monasterio cacereño. Pero, en el país azteca, los mexicanos sostienen que esta imagen está relacionada con las apariciones de la Virgen en el cerro del Tepeyac. De hecho, las autoridades de la basílica de Guadalupe no tienen contacto con los franciscanos, la orden que custodia el monasterio y que, en otra época, fue regido por los jerónimos.

El Real Monasterio es sede de una devoción universal. En su interior, destacan varios museos, como el de los libros miniados, el del bordado o el de esculturas y pinturas, con obras de El Greco, Juan de Flandes o Goya, entre otros. Encontramos además, la sala del relicario y el camarín y, como visita indispensable, la sacristía, con cuadros de Zurbarán. Sin embargo, la joya más preciada para cualquier extremeño es la imagen que, desde hace siglos, vela por el sueño de los habitantes de una región que, cada 8 de septiembre, celebra su día grande con la mirada puesta en la Santísima Virgen de Guadalupe.