El 19 de marzo de 1939 le fue colocada la presea de Emilio Landa Carrasco
El 18 de julio de 1936 la parroquia de Santa Marina fue incendiada. Gracias a las gestiones de los hermanos las imágenes de la Sagrada Mortaja se encontraban fuera del templo. El Cristo se encontraba en el taller de Sebastián Santos, en la calle Santiago, para su restauración. La dolorosa recaló en el domicilio de Guillermo Serra, en el Porvenir. El resto de las imágenes, en un almacén propiedad de Manuel Alarcón, en La Florida, y los ángeles del paso y el grupo escultórico primitivo de la Piedad en el domicilio de Francisco Sousa, en la calle San Luis. El portentoso paso procesional habría podido sufrir severos daños al hallarse en el almacén contiguo a la iglesia, pero finalmente no resultó dañado.
La Piedad de Santa Marina se trasladó al exconvento de Nuestra Señora de la Paz. Y todavía seguía llamándose Piedad de Santa Marina. Sus hermanos tenían la esperanza de volver a regresar al céntrico templo de la calle San Luis. De hecho, la prensa reflejaba la imposición de la corona procesional haciendo referencia a la Piedad de Santa Marina, cuando este acontecimiento tiene lugar el día de San José tres años más tarde.
La jornada se inició oficialmente a las 11 de la mañana con el vicario general de la archidiócesis, Jerónimo Armario. Un cambio de última hora, ya que estaba prevista la presencia del cardenal Segura, quien finalmente no asistió. Tras el solemne acto, dio comienzo la función solemne, estando al frente el cura de San Julián, Santa Marina y San Marcos, Ismael Delgado. Las puertas del templo quedaron abiertas hasta las ocho de la tarde dado que la imagen permaneció en besamanos. Y así sucedió las dos jornadas siguientes, en un acto que se recuerda como el primero en el la corporación celebró besamanos en honor de la dolorosa.

Observando las imágenes lo más llamativo es sin duda la disposición de Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz, un cambio originado años después, facilitando que en torno al grupo escultórico se sitúen el resto de figuras que forman parte del misterio. La posición recuerda al primitivo grupo escultórico al que se le rindió culto, un pequeño conjunto realizado en terracota policromada, reposando el cuerpo de Cristo de manera horizontal sobre el regazo de la Virgen. Podría datarse a finales del siglo XV, siendo palpables las formas de Mercadante de Bretaña, aunque de un modo más evolucionado.

La diadema
La pieza es obra de Emilio Landa Carrasco, discípulo de Cayetano González, con quien trabajó en la orfebrería del palio de la Esperanza Macarena antes de afincarse en el municipio gaditano de Jerez de la Frontera. De tamaño superior al natural, está conformada por dos partes. La primera de ellas acoge tres medallones con destacados momentos de la vida de la Virgen María, como son el Nacimiento, los Desposorios —en el centro— y la Anunciación por parte del arcángel san Gabriel. En los extremos y en menor tamaño los escudos de España y de la corporación del Viernes Santo. Los medallones se encuentran circundados por roleos y motivos vegetales. Entre las influencias de las escenas de la vida de la Virgen, puede apuntarse la influencia de modelos italianos surgidos de los Desposorios de Rafael Sanzio en lo que se refiere a este pasaje, con José y María en actitud oferente en el primer plano, percibiéndose la presencia del sumo sacerdote.

La segunda parte se compone de diecisiete resplandores de rayos con puntas biseladas y filigrana en las hendiduras y rematados por estrellas de ocho puntas a excepción de los extremos, que parten de las cabezas de los querubines. Entre los dieciséis espacios rayos de luz se intercalan con motivos vegetales. Entre los materiales utilizados destacan el oro y la plata. Las piedras preciosas se fijaron mediante la técnica del engaste simple, que pueden observarse en la primera parte del conjunto, entre los medallones. En ocasiones, la diadema luce una cruz, fijada en la parte superior de la diadema.
La última pieza
Otra diadema se incorpora al ajuar de la dolorosa ya en el siglo XXI. Fue en 2017 basándose en un diseño de Juan Antonio Fernández, quien llevaba años con la idea en mente. El diseño contiene momentos de sus vivencias en la hermandad, a la que pertenece desde que tenía nueve años. Es el caso de la inclusión de flores y pájaros, recordando al patio del antiguo cenobio. De estilo barroco y asimétrica —la impuesta en 1939 tiene reminiscencias renacentistas—, contiene cartelas con la inscripción SANCTA MARIA, ORA PRO NOBIS, incluyéndose la cruz sobre el orbe, motivo que no contiene ninguna de las otras diademas, y que hace referencia al dominio de Cristo sobre el mundo. Fue realizada en el taller de los hermanos Fernández, siendo una donación por parte de los hermanos. Se bendijo el 10 de septiembre por parte de Eusebio López. Se expuso junto al manto recién restaurado de Rodríguez Ojeda, pieza textil a la que Manuel Solano le devolvió el esplendor perdido. Entre otras diademas, la dolorosa cuenta con una pieza que lució la Esperanza de Triana durante la salida extraordinaria que tuvo lugar en la Velá de Santa Ana en 1921. Fue portada por la dolorosa en la estación de penitencia de 2023.






