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Evangelium Solis, 💙 Opinión

«El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa»

En este último Domingo de septiembre, vivimos el XXVI Domingo del tiempo ordinario, traemos a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis.

EVANGELIO 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:

–Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.

Jesús respondió:

–No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga.

Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo.

Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Palabra del Señor.

Marcos en el evangelio de hoy nos narra como Juan, ha visto a alguien que hace milagros y exorcismos, e intenta impedírselo porque piensa que eso es exclusivo de Jesucristo. Pero el mismo Jesús se lo impide porque todo el que hace el bien no puede estar contra el Nazareno que vino a este mundo solo para hacer el bien.

Esta enseñanza del evangelio de hoy pone de manifiesto que el ser cristiano no puede ser algo exclusivo y con algo personal exclusivamente. Todos los hombres y mujeres son capaces del bien, porque todos los hombres y mujeres han recibido los dones de Dios. Por lo mismo, allí donde se ayuda y se lucha por los demás, donde se acoge a los mas necesitados, aunque nunca hayan oido hablar de Dios, allí los cristianos debemos de actuar sin exigir nada a cambio. La comunidad cristiana, la Iglesia, no debe presentarse como el «grupito» de los salvados o de los cristianos que han encontrado a Dios, porque esta promesa es para todos los hombres.

Los cristianos debemos de abrirnos, acoged a todo el mundo y presentarles a ese Jesús Nazareno que nos hace tan felices, tenerlo en nuestras vidas.

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