El Rescate y Cantillana. Cantillana y el Rescate

Buscar un porqué, un motivo, una razón carece de sentido. Son las cosas pasajeras de la vida. Los acontecimientos que marcan la historia y que unen colectividades sin nexo aparente. De ahí procede la magia que impregna al mundo cofrade. Del hermanamiento que surge sin causa alguna pero que llega para configurar un vínculo entre partes diferenciadas como pueden ser una Hermandad y una formación musical.

Eso fue exactamente lo que el pasado lunes ocurrió en la localidad sevillana de Cantillana, en una de las fiestas mayores y multitudinarias de la provincia hispalense, que no puede ser otra que la que conmemora la mística elevación de la Virgen María al Reino de los Cielos. La Asunción de Cantillana regresó a las calles tras los años de oscuridad para reencontrarse con su pueblo. Y al lado suya y como predecesora incansable y emocionada una formación musical, la cual también rinde honores a otra advocación de la Santa Madre, la Agrupación Musical María Santísima de los Dolores de Linares.

Una unión que nació aquel 15 de agosto y que, dure lo que dure, dejó estampas impregnabas de notas musicales dedicadas a María, como aquella que habla de la Esperanza. Otras que rezan glorificando el trabajo de los Costaleros y recuerdan el carácter más genuino de las cuadrillas Gitanas. Otras que rememoran el Mandamiento más sagrado que nos legó Jesucristo a través del Amor. Y así se entremezclaron los sonidos en una sinfonía única que dulcificó el carácter celestial de una noche para la historia.

Buscar un apelativo sería imposible para aquellos músicos que recorrieron tropecientos kilómetros para rendirle culto a la Asunción. No fueron solos. Pues tal era la importancia del acontecimiento que muchos linarenses arroparon a la banda en la difícil faena que tenían por delante.

Muchos dieron testigo vivo de la unión. El sueño de un pueblo y el orgullo de una banda. Cantillana y el Rescate. El Rescate y Cantillana.