El obispo de Córdoba firmaba este lunes varios nombramientos pastorales. Uno de los más llamativos era el de Antonio José Ruiz Alcalá, quien pasa a ejercer el ministerio parroquial en Santa Victoria y Nuestra Señora de la Purificación, además de asumir la capellanía del colegio San Acisclo y Santa Victoria.
Cargos a los que el sacerdote accede, tras cesar en su anterior destino como capellán de la residencia Nuestra Señora de los Dolores. Lo curioso del caso es que Ruiz Alcalá ha ejercido poco tiempo como capellán en la residencia de San Jacinto, solo cinco meses.
Cinco meses de montaña rusa
Pero más curioso todavía es que llegó a la capellanía tras ser fulminado en el mes de febrero de este mismo año como párroco del Carmen de Puerta Nueva. Su traslado (esa es una de las denominaciones de las que se sirve la jerga eclesial) se produjo en una sucesión temporal en la que el delegado de Hermandades y Cofradías, Pedro Soldado, firmó un decreto suspendiendo las elecciones de la Hermandad del Carmen y luego, otro, en el que se paralizaba la actividad de la Prohermandad de la Salud.
Cuando se produjo el “traslado” del párroco, propios y extraños tendieron a pensar que se trataba de un castigo, máxime teniendo en cuenta que su sustituto fue el párroco de San Lorenzo, Rafael Rabasco, que pasó a acaparar la doble responsabilidad de ambas parroquias.
Casualidades
En esa concatenación de serendipias ha acabado con Ruiz Alcalá en el Barrio del Naranjo, en una parroquia con una hermandad que tuvo casi dos años de gestora, que concluyeron el verano pasado. Curiosamente, aquella decisión de imponerla también vino de la mano de Soldado, que apenas esperó para decretarla una vez no hubo candidatos a las elecciones, mientras en el Rescatado han estado dos años de prórroga hasta que se ha encontrado aspirante y ya hermana mayor. Todo circunstancial, pero llamativo.
Foto: www.diocesisdecordoba.es





