Suspira el querubín por esas coincidencias que tiene la vida y que, aunque lo parezcan, hacen sospechar de la casualidad cuando hay flautas de por medio, que parecen tocar a escondidas, muy suaves, sutiles como los actos que se contraprograman por coincidencia, casualidad o causalidad.
Susurra el serafín la letanía, de momento, del entierro de un deseo. Cuando todo parecía alegría de vivir y de levantarse y andar a un par de capataces se les ha puesto cara de funeral o rostro circunspecto de Viernes Santo, cuando creían que iba a ser de Domingo, de Ramos o de Resurrección.
Suspira el Ángel por un paria de la tierra al que por no cantarle, no le cantan la Internacional ni los suyos, y anda más triste que un diputado mayor de gobierno cuando se le caen de la nómina del desfile el fiscal de horas y el del paso de palio.





