Suspira el querubín por un capataz que nunca fue capataz ni como capataz lo consideraron sus iguales. Pero sigue empecinado en que es capataz y suspira como el querubín por un viejo martillo, pero lo hace con indirectas para que los amigos lo vean pero que parezca un accidente, aunque como el capataz que no fue pudo tener alguno.
Susurra el serafín por esas bendiciones canarias, que en lugar de llevar una hora de retraso llevan años, como las obras del estadio del Córdoba. Mas no importa porque nunca es tarde si la dicha o la magna son buenas.
Suspira el ángel por aquellas figuras “cofrades” a las que les gusta que les den más gloria que a los que van en lo alto del paso. Tanto que hay quien vio a uno de ellos ponerse en una puerta para que todo el que pasara lo saludara como en un besamanos magno.





